Antes de la última plaga egipcia, Dios declara: «Ejecutaré juicios sobre todos los dioses de Egipto» (Éxodo 12:12; consultar Números 33:4). Sin embargo, no solo las muertes de los primogénitos socavan las deidades de Egipto; una gran parte de la acción divina contra la tierra de Faraón refleja la guerra entre el Dios de Israel y el panteón egipcio. Desafortunadamente, a veces nuestras traducciones al español oscurecen el hebreo original, por lo que perdemos los detalles de esta batalla celestial.

Uno de estos problemas de traducción aparece en la descripción de la (octava) plaga de langostas. La gran mayoría de las biblias modernas en español siguen la versión Reina-Valera, en la cual las langostas «cubrieron la superficie de toda la tierra, de modo que la tierra se oscureció» (Éxodo 10:15 RVA 2015; consultar 10:5). Sin embargo, el hebreo no dice que las langostas cubrieron la «superficie» de la tierra, es decir, el idioma original no describe las langostas cubriendo el suelo. En cambio, el hebreo afirma que las langostas «cubrieron el ojo (עין; áyin) de toda la tierra, de modo que la tierra se oscureció». Nuestras traducciones al español favorecen «superficie» en lugar de «ojo» porque, para los lectores modernos, el significado preciso de «ojo de la tierra» no es inmediatamente aparente; los antiguos egipcios, sin embargo, habrían entendido la frase en el contexto de un ataque contra sus dioses.

Según la teología egipcia, el dios del sol, Amón-Ra, era el más fuerte de todas las deidades. Como una deificación del sol, Amón-Ra fue responsable por toda la vida egipcia. Además, se decía que el sol era el «ojo» de Ra el medio por el cual la deidad velaba por el pueblo y la tierra de Egipto. La cuarta línea de la Estela egipcia de Somtutefnakht resume esta creencia arraigada sobre el dios solar supremo de Egipto, «cuya salida ilumina la tierra, cuyo ojo derecho es el disco del sol». Cuando las langostas ocultan el sol durante la octava plaga, el Dios de Israel ciega el «ojo» (עין; áyin) de Amón-Ra, que se suponía inspeccionaría y protegería a los egipcios. Mientras el Señor dice: «Ciertamente he visto (ראה ראיתי; raó raíti) la aflicción de mi pueblo que está en Egipto» (Éxodo 3:7), Amón-Ra ya no puede ver la aflicción de su pueblo. De esta manera, el Dios de Israel muestra superioridad sobre los dioses de Egipto y los juzga a través de los eventos del éxodo.

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