En el jardín del Edén, Adán, Eva y los animales recibieron instrucciones de comer alimentos que provenían de plantas (Génesis 1:29-30); después del diluvio, Dios le permitió a Noé comer todos los animales, pero le dijo que no consumiera su sangre:

«todo lo que se desliza en el suelo, y todos los peces del mar, en tu mano son todos entregados. Todo lo que se mueve y tiene vida te será para alimento. Todo te lo doy, así como te di la hierba verde. Pero no comerás carne con su vida, es decir, su sangre» (Génesis 9: 2-4).

Puede ser sorprendente, pero Dios le dijo a Noé que comiera (כָּל־רֶמֶשׂ אֲשֶׁר הוּא־חַי; kol remés ashér hu jáy) «toda cosa viviente que se desliza/arrastra». Esta es una amplia descripción que implica la totalidad de la vida animal. De hecho, ( רָמַשׂ; ramás) significa «deslizarse» o «arrastrarse»; en otras palabras, «moverse cerca del suelo», por lo tanto, ( רֶמֶשׂ; remés) puede traducirse como «reptil» o incluso «insecto». Para Noé, no solo los insectos y reptiles, sino todas las especies —incluyendo aquellas que la Torá más tarde consideraría como impuras— estaban ahora en el menú.

Noé es el único hombre llamado ( אִישׁ צַדִּיק תָּמִים; ish tzádik tamím) «justo» y «perfecto/inocente» (Génesis 6:9). Incluso mucho tiempo después del diluvio, los autores bíblicos continúan llamándolo «justo» (Ezequiel 14:20; Hebreos 11:7; 2 Pedro 2:5). A pesar de su estatus como gentil y su menú ilimitado, los sabios judíos vieron a Noé bajo una luz muy positiva, como el modelo para un justo no judío (consultar Talmud, b. Sanedrín 108a; Génesis Rabbá 30:10).

Noé sabía claramente la diferencia entre animales puros e impuros aún antes del diluvio. Le fue dicho que de los «animales puros» (הַבְּהֵמָה הַטְּהוֹרָה; habehemá hatehorá) llevara al arca siete parejas y de los «animales impuros» (הַבְּהֵמָה אֲשֶׁר לֹא טְהֹרָה; habehemá ashér lo tehorá) llevara una pareja (Génesis 7:2-3). Curiosamente, los animales se clasificaron de esta manera incluso antes de ser considerados una fuente de alimentación.

Noé podría haber comido animales impuros y todavía habría sido considerado justo ante los ojos de Dios. Esto puede ser difícil de armonizar si se entienden las leyes dietéticas de Levítico 11 y Deuteronomio 14 como leyes para toda la humanidad (judíos y gentiles por igual). Pero la Torá define la justicia para Israel al especificar que ciertos animales son «impuros/puros para ellos», es decir, solo son impuros para los hijos de Israel (consultar Levítico 11:4, 5, 6, 7, 8, 29, 35, 55; Deuteronomio 14:7, 8, 19). Sin embargo, como no israelitas, Noé y su familia podrían haber comido cualquier alimento que les gustara sin volverse impuros o injustos.

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