Hace 2,000 años un joven rabino caminaba alrededor de la fértil Galilea al norte de Israel, ofreciendo sus comentarios sobre moralidad y vida. Según se reporta, tenía algunos pensamientos extraños sobre finanzas personales: «Si prestan dinero a personas de quienes esperan recibir, ¿es eso bondad/gracia de ustedes? (χάρις; charis)Pero hagan lo que es moralmente correcto y presten sin expectativa de devolución» (Lucas 6:34-35). ¡No suena exactamente como «un consejo financiero!». ¿Y por qué sería «moralmente correcto» (ἀγαθός; agathos) —al contrario de ser considerados tontos—prestar dinero y no esperar que se devuelva? Entonces, ¿cuándo un préstamo no es un préstamo?

Como la mayoría de dichos de los maestros judíos del siglo I, estas ideas que suenan algo locas pueden remontarse directamente a la antigua Torá hebrea. Los arreglos que se describen ahí son notablemente diferentes al sistema económico de hoy en día. La principal característica del sistema financiero global de hoy es el «crédito» (por ejemplo, la deuda). En este momento, por ejemplo, el gobierno de Estados Unidos debe 22 trillones de dólares. Los ciudadanos y los negocios privados en Estados Unidos deben alrededor de más o menos otros 30 trillones. El gobierno de Japón debe cerca de 10 trillones de dólares. La deuda pública y privada en China se estima —algunos dicen que se subestima— en 34 trillones de dólares. Todas estas deudas crean una enorme actividad económica, grandes ganancias para algunos prestamistas y también peligros masivos.

Por el contrario, la Torá antigua prescribió un sistema orientado localmente que nunca podría basarse en ciclos de deuda. Para empezar, estaba prohibido cargar intereses a un ciudadano (Éxodo 22:24/25; Levítico 25:35-38; Deuteronomio 23:19-20/20-21). Además, cada siete años, todas las deudas de los ciudadanos debían cancelarse (Deuteronomio 15:1-3). Esto significaba que prestar dinero traería pérdidas financieras, en lugar de ganancias. Pero, ¿qué pasaba si alguien necesitaba pedir prestado debido a circunstancias difíciles? La solución de la Torá no involucraba bancos u otras corporaciones. En su lugar, dependía de la asistencia voluntaria de las personas, quienes daban libre y directamente a sus «hermanos». Se esperaba que los miembros de Israel «abrieran sus manos» y prestaran tanto como fuera verdaderamente necesario a las personas de sus propias comunidades locales que habían caído en tiempos difíciles, incluso si era el día antes de la fecha en que todas las deudas se cancelaban (Deuteronomio 15:7-9).

Un «préstamo» en este sentido era muy parecido a un regalo, sin esperar su devolución. Los acreedores no recibían ningún interés y también podían perder fácilmente todo su capital. Sin embargo, negarse a otorgar dicho «préstamo» era considerado un «pecado» (חטא; jet’); incluso estar triste por «prestar» era considerado como «vil» (בליעל; beliya‘al, literalmente «destrucción del beneficio»). El rabino galileo obviamente le recordaba a su audiencia este mandamiento. Su declaración continuó mencionando el favor de Dios para aquellos que ayudan alegremente a sus compañeros en este camino (Lucas 6:35), en un paralelo preciso con el texto de la Torá, la cual había especificado bendición divina como recompensa (Deuteronomio 15:10).

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