En uno de mis artículos anteriores, discutí la posibilidad de que Poncio Pilato ejerciera una sutil venganza contra las autoridades religiosas de Judea. Esas mismas autoridades manipularon a las multitudes de la Pascua para «forzar» a Pilato a crucificar a Jesús con el fin de evitar una revuelta. En lugar de escribir la acusación habitual del crimen cometido (por ejemplo: este criminal hizo tal y tal cosa), Pilato mandó a sus legionarios a escribir algo muy diferente.

Nuestras Biblias modernas nos proporcionan una traducción al español de la versión griega de una inscripción escrita originalmente en hebreo. (Para agravar el problema de la traducción, Pilato probablemente emitió su orden a esos soldados en latín). Nuestras Biblias en español dicen: «Jesús de Nazaret, Rey de los judíos». Esta oración puede haberse escrito de dos maneras diferentes en hebreo. Una de ellas habría usado la primera letra de cada palabra en esta oración como un acróstico, formando así el acróstico del tetragrámaton (YHVH).

Aquí está la frase «Jesús de Nazaret, Rey de los judíos» en hebreo:

(ישוע הנצרי ומלך היהודים)

Si esta reconstrucción es correcta, entonces Pilato se estaba «apegando» al pantano político-religioso de Jerusalén al proclamar que Jesús era el Dios de Israel en la carne crucificada (un hecho que Pilato claramente no afirmó por sí mismo).

Hay otro detalle en los relatos del Evangelio que pueden ayudar, aunque no comprobar contundentemente, esta afirmación. Este detalle se suele pasar por alto porque en la cultura occidental de hoy, la frase «lavarme las manos de algo» se ha vuelto ampliamente conocida con un significado específico. Cometemos un error cuando asumimos que Pilato la usó de la misma manera. Olvidamos que la razón por la que esta frase se volvió ampliamente conocida en Occidente fue porque se volvió en esta narrativa de pasión, no al revés.

En el momento de la crucifixión de Jesús, esta innovación extra-bíblica de los fariseos (el ritual del lavado de las manos) se había elevado al estatus de una «tradición de los ancianos» (consulta Mateo 15:2: «¿Por qué tus discípulos quebrantan la tradición de los ancianos? Pues no se lavan las manos cuando comen pan»). Ahora considera otra posible explicación para las palabras y acciones de Pilato: ¿Qué tal si Pilato, familiarizado con la cultura judía, utilizó la frase y ejecutó la ya bien desarrollada costumbre judía de lavarse las manos? (נתילתידים) —una tradición que continúa hoy en día y que es practicada ampliamente por judíos observantes en todo el mundo —para acusar a las autoridades de Judea?

En un acto de desafío contra el chantaje político de las autoridades de Judea, Pilato se lavó ritualmente de las impurezas asociadas con el asesinato que estaba a punto de tomar lugar. Esta fue su forma de vengarse de la maniobra política que le hicieron cuando dijeron: «Si liberas a este hombre, no eres amigo del César» (Juan 19:12). Al final las manos de Pilato no fueron limpiadas. Todavía era culpable (Hechos 4:27-28), sin embargo, su acto arroja más luz sobre el día trágico y salvífico en que el Cristo judío fue condenado a muerte.

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