En el diálogo de Jesús con la mujer samaritana, él le dice: «La salvación (σωτηρία; sotería) es de los judíos» (Juan 4:22). Este intercambio judío-samaritano también contiene una referencia velada al número siete, que simboliza la perfección o la integridad en el pensamiento hebreo. En las Escrituras de Israel, el número aparece en el contexto de la sanidad y la salvación, y Juan también usa el «siete» para resaltar la salvación del mundo a través de Jesús.

Inmediatamente después de que Yeshúa habla de darle «agua viva» a la mujer samaritana, él le dice: «Has tenido cinco esposos y el que tienes ahora no es tu esposo» (Juan 4:18). Los académicos tienden a centrarse en el posible simbolismo de los «cinco» esposos anteriores de la mujer —tal vez como una referencia a los cinco libros de Moisés o a las cinco deidades paganas que los samaritanos adoraron en la época de los reyes de Israel— (ver 1 Reyes 17:30-31). Sin embargo, muchos han pasado por alto que el número final no es cinco, sino siete: ¡la mujer tiene cinco esposos, actualmente vive con otro hombre y el séptimo hombre en su vida es Jesús! La alusión numérica de Juan posiciona a Yeshúa como la fuente perfecta de la salvación de la mujer samaritana. De hecho, Juan subraya esta relación entre el «siete» y la «salvación» cuando, justo después de que Jesús deja Samaria, él sana a un hijo de Galilea «en la séptima hora» (Juan 4:52). El Evangelio incluye estas referencias al «siete», el número hebreo de integridad para enfatizar la capacidad de Jesús de salvar por completo a la humanidad.

La referencia de Juan al siete es coherente con el regalo de Jesús del agua viva, ya que los sacerdotes de Israel usaban «agua viva» junto con un ritual de sangre de siete pasos para curar dolencias de la piel: «El sacerdote… tomará… el pájaro vivo en la sangre del pájaro que fue asesinado sobre el agua viva (מים חיים; máyim jayím). Y lo rociará siete veces (שׁבע פעמים; shéva pa’amím) sobre él que ha de ser limpiado» (Levítico 14:6-7). En Juan, el «agua viva» (ὕδωρ τὸ ζῶν; hudor to zon) viene a través de un Mesías judío cuya aparición marca la séptima vez que un hombre ha llegado a la vida de la mujer samaritana —esta vez para ofrecerle la «salvación» que es «de los judíos»— (Juan 4:22).

La asociación de Juan entre el «siete» y la «salvación» también nos recuerda a la victoria de Israel en los días de Saúl. Antes de que los amonitas los involucren en la batalla, los ancianos de Israel preguntan: «Dános siete días (שׁבעת ימים; shivát yamím) de plazo para que podamos enviar mensajeros a todo Israel. Entonces, si no hay nadie para salvarnos, nos entregaremos a ustedes» (1 Samuel 11:3). Dentro de este período de siete días, los mensajeros encuentran a Saúl y él derrota a los amonitas declarando: «Hoy el Señor ha obrado la salvación en Israel (תשׁועה בישׂראל; teshuá b’Yisrael; 11:13)». Las Escrituras de Israel vinculan el «siete» con la «salvación», y el Evangelio de Juan sigue el precedente bíblico al presentar a Jesús como el Salvador del mundo.

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