«Pues de su plenitud todos hemos recibido, gracia sobre gracia. Porque la Ley fue dada por medio de Moisés; gracia y verdad fueron hechas realidad por medio de Jesucristo. Nadie ha visto jamás a Dios; el unigénito Dios, que está al lado del Padre, Él lo ha dado a conocer» (Evangelio de Juan 1:16-18).

A medida que surgió el movimiento cristiano protestante, uno de los mayores desacuerdos entre quienes algún día se convertirían en protestantes y entre aquellos que seguirían siendo católicos romanos, fue el tema de la función de la ley en la vida del creyente. Una de las cinco frases teológicas de «atajo» más importantes de la Reforma fue «sola fide», que significa «solo por fe». Esta frase indica cómo uno fue «salvado» del juicio eterno de Dios. Este conflicto entre protestantes y católicos del siglo XV-XVI se leyó nuevamente en los escritos paulinos y se resaltó otra vez en las propias palabras de Pablo. Hoy en día, casi nadie objetará el hecho de que Pablo debe ser leído a través de un lente interpretativo israelita del siglo I y no a través de los lentes posteriores de un conflicto entre católicos y protestantes, que históricamente no tiene relación con Pablo.

Si bien la yuxtaposición de la Ley y el Evangelio estuvo presente en los padres de la Iglesia, no fue sino hasta el momento de la Reforma en que la yuxtaposición de la ley y la gracia llegó a ser tan remarcada.[1] Esto se convirtió en un énfasis dominante de la Reforma. Lo opuesto a la gracia se convirtió en ley; lo opuesto a la ley se convirtió en gracia. Sin embargo, bíblicamente lo opuesto a la ley nunca fue la gracia, sino la anarquía. Así como lo opuesto a la gracia nunca fue la ley, sino la deshonra.

Al igual que Pablo, Juan también ha sido grandemente malentendido y malinterpretado de manera anacrónica. En Juan 1:17, por ejemplo, algunas traducciones importantes de la Biblia en español (como Dios Habla Hoy, Nueva Traducción Viviente, Palabra de Dios para Todos, Reina-Valera Actualizada) insertan la palabra adicional: «pero». Esta palabra no existe en el griego original. Además, aún cuando las traducciones modernas no agregan la palabra «pero» (mira el versículo citado anteriormente), el versículo normalmente se interpreta como si el «pero» estuviera implícito. Es casi imposible para nosotros leer este texto y no yuxtaponer la ley y la gracia en nuestras mentes contemporáneas (¡Puedes intentarlo! También se te dificultará).

Si se ignora la lectura negativa y en cambio se interpreta la frase (en el versículo 17) de manera positiva: «la Ley fue dada por medio de Moisés; (y)  gracia y verdad fueron hechas realidad por medio de Jesucristo», entonces el texto fluye orgánicamente. En este caso, obviamente está conectado con la revelación previa del autor del Evangelio, en el sentido de que la gracia fue dada en adición a la gracia ya concedida. (Juan 1:16 «de su plenitud todos hemos recibido, gracia sobre gracia»). Quizás una traducción que pueda ayudarnos a deshacernos de esta dicotomía innata se leería así:

«Porque la Torá fue dada a través de Moisés y la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo».

El deseo de Dios es que le conozcamos íntimamente. Venimos a conocerlo a través del estudio de su Palabra. Si deseas una comprensión más profunda de la Palabra de Dios, es esencial entender el trasfondo y la cultura judía.

 

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