Cada varón judío como parte de su oración diaria, recita: «Bendito eres tú, SEÑOR nuestro Dios, Soberano del Universo, que no me has hecho mujer». Antes de eso también bendice a Dios por no haberlo hecho «gentil» y «esclavo». Para muchas personas estas declaraciones demuestran de manera concluyente la postura anti-gentil y anti-femenina del judaísmo. Pero, ¿esta conclusión es correcta?

Mientras que toda la Torá fue entregada a Israel, muchas de sus leyes importantes estuvieron dirigidas a las naciones. Pero incluso dentro de Israel las leyes se aplicaron de manera diferente a diferentes grupos (hombres, mujeres, sacerdotes, levitas, reyes y esclavos, entre otros).

Aunque existen mandamientos en la Torá que las naciones deben obedecer, ellos no son responsables de obedecer el mismo número de mandamientos como los judíos. Por lo tanto, agradecer a Dios «por no hacerlo a uno gentil», no es un argumento de superioridad judía; pero indica una actitud lista y dispuesta de obedecer a un gran número de mandamientos (el mismo principio aplica en el caso de las mujeres y las esclavas).

El Apóstol Pablo enseñó que las leyes de la Torá nunca fueron diseñadas como un mecanismo para colocar a alguna persona en una posición ventajosa ante el Dios de Israel. Argumentó que, con la venida del Rey Jesús, la inclusión de los gentiles en la membresía del pueblo de Dios debía seguir el método israelita original que estuvo basado en la justificación de Abraham por la gracia a través de la fe. Abraham le creyó a Dios; luego fue declarado justo y solo entonces fue circuncidado (Génesis 15:1-6; Romanos 4:1-3; Génesis 17).

Es en este contexto de la Torá que Pablo explicó cómo los gentiles se convierten en miembros plenos de la familia de Dios al pertenecer al Cristo judío, sin conversión proselitista:

« No hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay hombre ni mujer, porque todos son uno en Cristo Jesús. Y si pertenecen a Cristo, entonces son descendientes de Abraham, herederos según la promesa» (Gálatas 3:27-29).

Es notable que no solo los tres grupos (judíos/gentiles, esclavos/libres, hombres/mujeres) mencionados en la oración judía sean prácticamente iguales, sino que también sean mencionados en el mismo orden. Entre otras cosas, muestra que algunas tradiciones judías modernas se remontan al siglo I y que el Apóstol Pablo escribió sus cartas a las naciones desde dentro, no fuera del judaísmo. Este hecho a su vez resalta la importancia de nuestros estudios.

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