Uno de los primeros textos rabínicos describe los objetivos de un maestro de Torá de la siguiente manera: «Los sabios decían tres cosas: “sé cauto en el juicio, haz muchos discípulos y pon una barrera alrededor de la Torá”» (Mishná, Avot 1:1). Las dos primeras instrucciones son fáciles de entender. Pero, ¿qué son estas «barreras alrededor de la Torá» que debían ser construidas?

Al igual que una barrera física, una barrera construida alrededor de la Torá es un recinto protector alrededor del mandamiento de Dios; una capa extra de reglas. En teoría, primero se tendría que romper la «barrera» y solo entonces se caería en una transgresión del verdadero mandamiento de Dios.

Leemos en Mateo 5:27-28: «Ustedes han oído que se dijo: “No cometerás adulterio”. Pero yo les digo que todo el que mire a una mujer para codiciarla ya cometió adulterio con ella en su corazón». Yeshua cita el mandamiento original («No cometerás adulterio»), seguido de la frase introductoria: «Pero yo les digo» e indicando la barrera apropiada («No codiciarás en tu corazón»). La lógica es simple: si alguien no tuviera pensamientos de lujuria, seguramente no pecaría con su cuerpo.

Por supuesto, Jesús a veces fue muy crítico de las barreras farisaicas, consternado de que saboteaban el significado más profundo de la Torá que Jesús defendió (Marcos 7:14-23). Sin embargo, cuando preguntamos si Jesús también edificó «barreras» alrededor de la Torá, debemos responder afirmativamente —Él absolutamente lo hizo—.

Si leemos la Biblia sin entender su «judaísmo» esencial, entonces solo estamos obteniendo parte de la historia.

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