En el discurso del Monte de los Olivos, Jesús presagia la destrucción futura del Templo y promete su regreso final. Después de describir su llegada con los ángeles, declara: «Esta generación no pasará hasta que todas estas cosas acontezcan» (Marcos 13:30). Aunque la generación de Jesús hace mucho tiempo murió; han pasado casi 2000 años y estos eventos del final de los tiempos no han ocurrido. Dada esta aparente disyunción, algunos lectores modernos argumentan que Jesús se refiere hiperbólicamente a su vindicación después de la destrucción del Templo en el 70 d.C. Otros asumen que la profecía de Jesús fue imprecisa. Aunque estas conclusiones olvidan la centralidad de la resurrección en el antiguo pensamiento judío. Jesús creyó que todo el mundo sería levantado de la muerte el último día, para que su propia generación estuviera viva para presenciar su llegada.

Cuando Jesús dice que su propia generación no morirá antes de su llegada, él señala a la nueva creación que Dios trabajará a través de la resurrección al final de los días: «Esta generación no pasará hasta que todas estas cosas acontezcan. El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán» (Marcos 13:30-31). La referencia de Jesús al cielo y a la tierra pasando recuerdan la visión de Isaías del juicio final. Dios dice a través del profeta: «Creo nuevos cielos (השׁמים החדשׁים; ha’shamáyim ha’hadashím) y nueva tierra (הארץ החדשׁה; ha’áretz ha’hadashá), y las cosas anteriores no serán recordadas… Como los nuevos cielos y la nueva tierra que yo hago permanecerán delante de mí… Así permanecerá tu descendencia y tu nombre…  [y] toda carne vendrá a adorar delante de mí» (Isaías 66:22-23). Isaías prevé la desaparición del mundo antiguo, pero la «descendencia» de Israel permanece para que «toda carne» se pare delante de Dios. Muchos judíos de los días de Jesús leen estos versículos como profetizando una resurrección universal a la creación nueva de Dios, y Yeshúa alude a esta idea cuando promete que su propia generación permanecerá después de que pasen el actual cielo y tierra.

En Mateo y Lucas, Jesús refuerza la idea de que su generación —y todas las otras serían levantadas de la muerte al final del juicio, y por lo tanto, serán testigos de la llegada del Hijo. Jesús declara: «El pueblo de Nínive se levantará en el juicio con esta generación y la condenará… La reina del Sur se levantará en juicio con esta generación y la condenará» (Mateo 12:41-42; consultar Lucas 11:31-32). El término para «se levantará» en estos versículos es (ἀνίστημι; anístemi) —la misma palabra para la propia resurrección de Jesús— (consultar Mateo 17:9; 20:19). Yeshúa presagia un día final en el que «esta generación» se levantará de la muerte y se parará junto a generaciones pasadas antes del juicio.

En Marcos, Jesús discute esta condenación del final de los tiempos para algunos de su propia generación de una manera que presagia el discurso del Monte de los Olivos: «Cualquiera que se avergüenza de mí y de mis palabras en esta generación adúltera y pecadora, de él también se avergonzará el Hijo del Hombre cuando venga en la gloria de su Padre con los ángeles santos» (Marcos 8:38). Jesús reutiliza todo este lenguaje cuando describe su regreso después del sufrimiento de 70 d.C.: «En aquellos días, después del sufrimiento… verán al Hijo del Hombre llegar en las nubes con gran poder y gloria. Y luego enviará a sus ángelesEsta generación no pasará hasta que todas estas cosas acontezcan. Los cielos y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán» (Marcos 13:24; 26-27, 31). El Hijo del Hombre regresará, en conjunto con la resurrección universal de la muerte, en ese momento la generación de Jesús estará junto con todas las generaciones que alguna vez han existido. Se basa en esta creencia judía de la resurrección que Yeshúa afirma: «Esta generación no pasará hasta que todas estas cosas acontezcan».

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