Naamán, el comandante del ejército, fue un «gran hombre» (אישׁ גדול; ish gadól) en su Siria natal, pero este «gran» hombre también sufrió de una enfermedad en la piel (2 Reyes 5:1-2). Cuando una niña israelita afirma que Eliseo podría sanar a Naamán, el sirio se asombra de que necesite sumergirse en el insignificante río Jordán (2 Reyes 5:10-12). Sin embargo, el idioma hebreo de la historia muestra que es mejor ser una «pequeña niña» humilde que un «gran hombre» arrogante.

Mientras Naamán fue «grande» (גדול; gadól) de acuerdo con los sirios, la Biblia señala que la niña israelita fue «pequeña» (קטן; katán): «Ahora, en una de sus incursiones, los sirios habían tomado cautiva a una pequeña niña (נערהקטנה; nará katanáde la tierra de Israel» (2 Reyes 5:2). La pequeña niña le dice a la esposa de Naamán: «¡Ojalá mi señor [Naamán] estuviera con el profeta [Eliseo] que está en Samaria! El lo curaría de su enfermedad en la piel» (2 Reyes 5:3). Si bien Naamán es supuestamente «grande», es la niña israelita quien, aunque «pequeña» en estatura, tiene una «gran» idea.

Cuando Eliseo le dice a Naamán que se sumerja en el río Jordán para ser sanado, la respuesta del general gentil resalta su autopercepción agrandada y su falta de humildad concurrente. Naamán responde: «¿No son el Abaná y el Farfar, ríos de Damasco, mejores que todas las aguas de Israel? ¿No pudiera yo lavarme en ellos y ser limpio?» (2 Reyes 5:12). Naamán finalmente se sumerge en el Jordán y «su carne fue restaurada como la carne de un pequeño niño (נער קטנה; na´ár kataná)» (2 Reyes 5:14). Tomó la sugerencia de una «pequeña niña» (נערה קטנה; nará kataná) para que Naamán se volviera en un «pequeño niño» (נער קטן; na’ár katán), lo que demuestra que es el humilde, no el arrogante, quien es «grande» ante los ojos del Señor.

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