La esposa egipcia de José, Asenat, concibió dos hijos en Egipto. Él llamó al primogénito, Manasés, (מְנַשֶּׁה; Menashé). José dijo: «Dios me ha hecho olvidar (כִּי־נַשַּׁנִי אֱלֹהִים) todo mi trabajo y toda la casa de mi padre». El nombre Manasés está conectado a la raíz (נשך; nasháj) que significa olvidar o soltar. Un uso muy común de (נשך; nasháj) describe a alguien siendo «liberado de una deuda». Este significado positivo llega a ser una mejor explicación para el nombre de su segundo hijo, Efraín (אֶפְרָיִם; Efraim), que significa «me ha hecho fértil».

Al nombrar a Efraín, José dijo: «Dios me ha hecho fecundo (כִּי־הִפְרַנִי אֱלֹהִים) en la tierra de mi aflicción» (Génesis 41:51-52). Cuando terminaron los siete años de cosechas fructíferas fue obvio que José no estuviera loco y que Faraón fuese sabio en asignarle la tarea de almacenar cantidades masivas de comida. Cuando el pueblo egipcio pensó en José, naturalmente pensó en bienestar y prosperidad.

El significado de estos nombres tiene que ver en gran medida con el hecho que José tenía claro que fue Dios quien lo liberó y lo hizo fructificar. En Hebreo, Egipto, (מִצְרַיִם) es un lugar de «confinamiento» y «limitación», donde no se puede prosperar. La fidelidad de Dios hacia los hijos de Jacob se muestra de mejor manera en la capacidad de José por sobrevivir y prosperar contra toda probabilidad en la tierra de «confinamiento» y «limitación». Siglos después, los israelitas que salieron de Egipto escucharon estas historias y fueron fortalecidos al conocer que el mismo Dios que cuidó a José, también los cuidaría a ellos.

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