La ciudad antigua de Corinto fue una ciudad pagana extravagante, formada en costumbres y tradiciones que fueron bastante extrañas para la ética de la Torá. Saulo (Pablo) luchó para enseñar a los corintios seguidores de Jesús un nuevo estilo de vida en una ciudad que los atrajo a la idolatría. Pablo dice: «…Un ídolo no es nada en el mundo y no hay sino un solo Dios» (1 Corintios 8:4). Pero esta aversión judía contra los ídolos no siempre tuvo sentido en el entorno gentil.

Como Pablo, los rabinos también estuvieron preocupados por cómo debieron de actuar los judíos entre los ídolos. El Rabino Gamaliel fue una vez cuestionado sobre por qué usaba un baño público que contenía imágenes de la diosa Afrodita, a pesar de la prohibición de la Torá contra los ídolos (ver Deuteronomio 13). Gamaliel explicó que existe una diferencia entre un baño público embellecido con imágenes y una casa de Afrodita con baños. En la medida en que el rabino necesitó bañarse y el baño estuvo construido por los romanos paganos,  Gamaliel dice acerca del ídolo, «no entro a su dominio, sino que ella entra al mío» (Talmud Babilónico, Avodah Zarah 44b). Dado que Gamaliel no estuvo adorando activamente a tales ídolos, sino que solamente estuvo tomando un baño en medio de lo que él vio como decoraciones sin valor ni poder, él estimó aceptable utilizar estos establecimientos romanos.

Dado que, de acuerdo a Pablo, los ídolos no tienen poder real, algunos intérpretes leen las enseñanzas de Pablo como excusa a la práctica de comer en los templos paganos. Pablo dice: «No todos los hombres tienen este conocimiento; pero algunos, estando acostumbrados al ídolo hasta ahora, comen alimento como si este fuera sacrificado a un ídolo; y su conciencia, siendo débil, se mancha. Pero la comida no nos recomendará a Dios, pues ni somos menos si no comemos, ni somos más si comemos» (1 Corintios 8:7-8). El escenario que se proyecta es que los creyentes fuertes que comían en los templos paganos no pecaban delante de Dios. Pero si alguno débil en la fe lo hacía, tal comida lo contaminaría. Pablo muestra este escenario sin validarlo, ya que él sabía que los gentiles debían «abstenerse de cosas contaminadas por los ídolos» (Hechos 15:20). De hecho, él personalmente esparció estas reglas judías en las ciudades paganas (Hechos 15:22), entonces ¿por qué no se aferró a esta estipulación anti-ídolo en su discurso con los corintios?

Pablo estuvo respondiendo una pregunta teológica hipotética en 1 de Corintios: «Si los ídolos no son reales, entonces, ¿por qué no podemos comer lo que se les ha sacrificado?». Los judíos sabían que asociarse con ídolos enviaría un mensaje contradictorio a la fe de Israel en un solo Dios, pero los corintios gentiles aún tenían que entender esta idea. Pablo aconseja a sus miembros que, aunque los ídolos no tienen poder, deberíamos evitar comer carne asociada a los ídolos para asegurarse de que nadie tropiece en su fe (ver 1 Corintios 8:13). Pablo no estuvo respaldando el consumo de la carne sacrificada a los ídolos; más bien, estuvo siguiendo una estructura ética judía que enfatizaba modelos de conducta que promocionarían al Dios de Israel para el beneficio de la comunidad de los creyentes en Jesús.

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