Primero, los israelitas samaritanos definieron su propia existencia en términos exclusivamente israelitas. Los samaritanos se llamaron a sí mismos «los hijos de Israel» y «los guardianes» (shomrím). Fuentes judías se refieren a los samaritanos como los kutím. Lo más probable es que el término esté relacionado con una ubicación en Iraq desde la cual los exiliados no israelitas fueron traídos a Samaria. (2 Reyes 17:24).

 

El nombre kutím o kutíes se usó en contraste con el término shomrím, que significa los «guardianes», términos que ellos reservaron para sí mismos. Los escritos judíos israelitas enfatizaron la identidad extranjera de la religión y práctica samaritana en contraste con la verdadera fe de Israel. Los israelitas samaritanos creyeron que tal identificación negaba su derecho histórico de pertenecer al pueblo de Israel. Los israelitas samaritanos fueron el remanente fiel de las tribus del Norte, los guardianes de la antigua fe.

 

En segundo lugar, los israelitas samaritanos siempre se habían opuesto a la adoración del Dios de Israel en Jerusalén, por el contrario creyeron que el centro de la adoración de Israel estaba asociado con el Monte Gerizim: el monte de la bendición del pacto de YHVH (Deuteronomio 27:12). Por otra parte, los israelitas judíos/judeanos creyeron que el Monte Sión en Jerusalén fue el epicentro de la actividad espiritual en Israel. Una de las razones para el rechazo de los escritos proféticos judíos por parte de los israelitas samaritanos fue que los profetas hebreos respaldaron a Jerusalén y la dinastía davídica.

Tercero, los samaritanos tuvieron un credo cuádruple:

  1. Un Dios: YHVH.
  2. Un profeta: Moisés.
  3. Un libro: la Torá.
  4. Un lugar: Monte Gerizim.

La mayoría de los israelitas judíos de los días de Jesús estuvieron de acuerdo con los israelitas samaritanos en dos de estos puntos: «un Dios» y «un libro». No estuvieron de acuerdo sobre la identidad del lugar de adoración y sobre otros libros que también debieron ser aceptados por el pueblo de Israel —los Profetas y los Escritos—.

Cuarto, los samaritanos creyeron que los israelitas judeanos habían tomado el camino equivocado en su práctica religiosa de la antigua fe israelita, que calificaron de herética, como lo hicieron los judíos con respecto a la expresión de fe de los samaritanos. La relación entre estos dos grupos antiguos puede compararse con los agudos desacuerdos entre los musulmanes chiítas y sunitas de hoy. Para quienes están afuera, ambos grupos son musulmanes, pero no para los chiítas y los sunitas. Para ellos, uno es verdadero y el otro es falso; uno es real y el otro es un impostor. El conflicto judío-samaritano fue en este sentido muy similar. En gran manera, este conflicto definió la polémica interna israelita del siglo I.

Quinto, como se mencionó anteriormente, no se debe confundir a los samaritanos con un grupo de personas sincretistas que también vivieron en Samaria (samaritanos gentiles), que probablemente fueron las personas que se acercaron a quienes retornaron a Jerusalén para ayudarles a construir el Templo de Jerusalén y fueron rechazados por estos (Esdras 4:1-2). Debido a su teología, los israelitas samaritanos, el remanente del Reino del Norte de Israel, no podían apoyar la construcción del Templo en Jerusalén. En 2 Crónicas 30:1-31:6 se nos dice que no todos los habitantes del reino del Norte de Israel fueron exiliados por los asirios. La mayoría de ellos permanecieron incluso después de la conquista asiria de la tierra en el siglo VIII a.C., preservando las antiguas tradiciones israelitas que diferirían de las innovaciones posteriores de la versión judeana de la fe de Israel.

En sexto lugar, los israelitas samaritanos utilizaron lo que ahora se llama «hebreo samaritano», una forma de escritura directa descendiente del paleo-hebreo (hebreo antiguo), mientras que los israelitas judíos adoptaron una nueva forma de letras cuadradas y estilizadas que formaron parte del alfabeto arameo. Además, en la época de Jesús, los israelitas samaritanos también fueron muy helenizados en la propia Samaria y en la diáspora. Así como los israelitas judíos tuvieron la Septuaginta, los israelitas samaritanos tuvieron su propia traducción de la Torá al griego, llamada Samaritikon.

Y finalmente, los israelitas samaritanos creyeron que su versión de la Torá fue la versión original y la Torá judía fue la versión editada, que había sido modificada por los judíos de Babilonia. A la inversa, los judeanos declararon que la Torá samaritana representó una edición editada para reflejar las opiniones de los samaritanos. Como se puede ver, esta no fue una relación fácil.

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