Los lectores del Evangelio de Juan están familiarizados con la declaración de Jesús en el «tiempo de la Festividad de la Dedicación» (Juan 10:22) —de otra manera conocida como Janucá— que él es «la luz del mundo». El Mesías declara «Yo soy la luz del mundo; quien me sigue no caminará en oscuridad, sino que tendrá la luz de la vida» (Juan 8:12; consultar Juan 9:5). Mientras esta declaración nos recuerda las primeras palabras creativas de Dios en la creación, hay otro precedente bíblico para las palabras de Jesús. El inicio de Éxodo hace eco del relato de la creación de Génesis al presentar a Moisés como la luz del mundo.

Según Génesis, estas son las primeras palabras de Dios al mundo: «Que haya luz (יהי אורyehí ‘ór)» (Génesis 1:3). Después de hablar «Dios vio la luz —que era buena— y Dios separó entre la luz y entre la oscuridad» (Génesis 1:4). Según el Evangelio de Juan, dado que Jesús también es «la luz del mundo», él es separado de la oscuridad para que cualquiera que lo siga «no camine en oscuridad» (Juan 8:12). De hecho, la separación entre la luz y la oscuridad en la creación resaltan la afirmación de Juan al principio del Evangelio con referencia a la Palabra: «La luz brilla en la oscuridad, y la oscuridad no la supera» (Juan 1:5). Al presentar a Yeshua como la luz del mundo, Juan alude al hecho de que el Mesías fue el primer pensamiento en la mente de Dios.

Aún así, Jesús no es el primer salvador judío al ser identificado como la luz del mundo. De hecho, la narrativa del nacimiento más famosa de la Torá presenta a Moisés como la luz del mundo, todo de regreso en Éxodo. El segundo libro de la Biblia recuerda el Génesis en varias formas, y no es excepción su exposición a los orígenes de Moisés. Después de que la madre de Moisés diera a luz a su hijo, en Éxodo se lee «Y ella lo vio (ותרא אתוva’teré otó) —que era bueno (כי טוב הואki tóv hu)—y lo escondió por tres meses» (Éxodo 2:2). Las palabras hebreas en este versículo son paralelas a la descripción de Dios viendo la luz en Génesis: «Y Dios vio la luz (וירא אלהים את האורva’yár Elohím et ha’ór) —que era buena (כי טוב; ki tóv)— y Dios separó entre la luz y entre la oscuridad» (Génesis 1:3). Así como Dios ve que la luz es buena, la madre de Moisés ve que Moisés es bueno. Es más, Dios separa la luz de la oscuridad así como Jocabed «esconde» (צפן; tzafán) al niño de aquellos que buscaron matarlo —de este modo separando la luz mosaica de la oscuridad de Faraón—. En el Evangelio de Juan, Jesús recapitula a Moisés como la luz del mundo y alude al hecho de que, así como Moisés salvó a su pueblo de la esclavitud, el Mesías salvará a su pueblo de sus pecados.

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