Janucá conmemora la dedicación del Templo en el año 164 a.C. Dirigido por Judá el Macabeo, el pueblo judío se reveló contra el Rey seléucida Antíoco IV Epífanes y recuperó el control de su Templo y sus tradiciones. Muchos años habían pasado desde el primer Janucá, o la «dedicación» (חנכה), pero los antiguos judíos quienes narraron el evento, creyeron que la deshonra del Templo de Jerusalén era equivalente al fin del mundo, y que su rededicación marcó una nueva creación.

I de Macabeos se basa en la retórica profética en su descripción de la profanación del Templo: «el santuario de Jerusalén se volvió desolado como un desierto, sus fiestas (ορτα; eortaì) se volvieron en luto ένθος; pénthos)… su exaltación se volvió en luto» (1 Macabeos 1:39-40). Este lenguaje recuerda la profecía del día del Señor de acuerdo con Amós «Ese día, dice el Señor Dios… volveré tus fiestas (ορτς; eortàs) en luto ένθος; pénthos)… las haré como el luto para un hijo único, y el final como un día amargo» (Amós 8:10). Al hacer eco de Amós, I de Macabeos sugiere que, para los judíos del siglo II a.C., la deshonra del Templo señaló el día destructivo del Señor; dicho de otra manera, fue el fin del mundo.

Aunque la historia de Janucá no termina con desolación. Cuando los macabeos derrotaron a los seléucidos y rededicaron el Templo, Dios inaugura una nueva creación. A petición de Judá, los sacerdotes «hicieron nuevas vasijas sagradas, y trajeron el candelabro el altar del incienso y la mesa dentro del Templo. Luego ofrecieron incienso en el altar e iluminaron las lámparas del candelabro, y estas dieron luz (φαίνοσαν; ephaínosan) en el Templo… Entonces, terminaron todo el trabajo que habían hecho (τέλεσαν πάντα τ ργα ποίησαν)» (1 Macabeos 4:49-51). La actividad en el Templo recuerda el primer día de la creación: «Dios dijo: “Que haya luz” (φῶς; phõs) y hubo luz» (Génesis 1:3). Al final de la creación inicial del Señor,  «Dios terminó (συνετέλεσεν) su trabajo que había hecho y descansó en el séptimo día de todo su trabajo que había hecho (πάντων τῶν ἔργων αὐτοῦ ὧν ἐποίησεν)» (Génesis 2:2). Basándose en la traducción griega de Génesis, I de Macabeos presenta la dedicación del Templo como una nueva creación. Los judíos del periodo del Segundo Templo experimentan el fin del mundo y salen por el otro lado. Dios rescata al pueblo de Israel de la devastación e inaugura un nuevo acto creativo en el primer Janucá.

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