A medida que continuamos el viaje a través de la Amidá, descubrimos el fundamento de esta oración, tanto en términos de por qué se debe alabar y adorar a este Dios, así como por qué el pueblo de Israel (y todos los que se les unen) reciben una autorización especial para entrar en la habitación del trono de Dios con tanta frecuencia. (La Amidá se reza tres veces por día, que en sí mismo significa el privilegio de un acceso pleno e incondicional a Dios).

 הָאֵל הַגָּדול הַגִּבּור וְהַנּורָא אֵל עֶלְיון

(Pronunciado: HaÉl hagadól, hagibór vehanorá. El Elyón).

«El Dios grande, poderoso y asombroso, el Dios Altísimo…»

Esta descripción aparentemente accidental y precipitada del Dios de Israel es, de hecho, una declaración fundacional bien considerada de esta relación de pacto. Él es האל הגדול (pronunciado: haÉl hagadól) – El Gran Dios.

La clave aquí es recordar que una cosmovisión bíblica presupone la existencia de otros seres poderosos de otro mundo (es decir, dioses). El artículo definido (ה) señala que este Dios no está solo, sino que es el Dios más elevado sobre todos los demás. Esta especificación de Él siendo no solo otro poderoso ser celestial, sino «El Gran Dios» se refuerza con su descripción como אל עליון (pronunciado: El Elyón) y se traduce como el «Dios Altísimo» (o literalmente, «el Dios Alto» que refleja la cosmología antigua del Cercano Oriente). Observa que en este caso no se utiliza ningún artículo definido, lo que confirma la observación anterior. También se le describe como האל הגבור (pronunciado haÉl hagibór), que significa algo semejante a «El Dios Héroe», «El Dios Guerrero» o (como en nuestra traducción más depurada), «El Dios Poderoso». Sobre todo, se dice que la deidad de Israel es האל הנורה (haÉl hanorá), que significa «El Dios Asombroso», o literalmente, «El Dios Terrible (que inspira temor)».

גּומֵל חֲסָדִים טובִים. וְקונֵה הַכּל

(Pronunciado: Gómel jasidím tovím. Vekoné hacól).

«Quien confiere amor favor y bondad y es el Señor de todo».

La frase גומל חסדים טובים se traduce mejor como «Él concede su bondadosa fidelidad». Esta importante frase establece que el Dios de Israel no debe ser entendido solo como el Rey de Israel, sino también como el Padre celestial de Israel. Este tema de Avínu Malkénu (Nuestro Padre, Nuestro Rey) es muy importante en el judaísmo. En muchos sentidos define la naturaleza del pacto de Israel con su Dios. Esta concesión amorosa, amable y fiel de cosas buenas se confiesa en la frase corta (וקונה הכול, vekoné hacól), que básicamente significa «Dios legítimamente posee todo».

וְזוכֵר חַסְדֵּי אָבות. וּמֵבִיא גואֵל לִבְנֵי בְנֵיהֶם לְמַעַן שְׁמו בְּאַהֲבָה

(Pronunciado: Vezojér hasidéi avót. Umaví goeál livnéi bneihém lemán shmó baahavá).

«Quien recuerda las buenas obras de los padres y trae un redentor a sus hijos, en amor y por el bien de su nombre».

Uno de los conceptos claves a considerar aquí son los méritos de los padres. Esta bendición establece claramente que la base de la vida del pacto de Israel está enraizada en la memoria de Dios por la fidelidad mostrada en las vidas de Abraham, Isaac y Jacob. En otras palabras, la fidelidad del pacto de Dios a las futuras generaciones del pueblo de Israel siempre estuvo basado en los méritos de sus padres.

Un ejemplo de la importancia primordial de tal acción es la lectura diaria del capítulo de la Aqedá (el sacrificio de Isaac) como parte de las oraciones matutinas de los judíos de todo el mundo. A pesar de las deficiencias de Abraham, él fue capaz de mostrar fe plena en su Dios cuando sacó el cuchillo y lo levantó sobre el cuerpo atado de su amado hijo (Isaac). En el judaísmo acciones como estas fueron entendidas como meritorias para todas las generaciones futuras en Israel. Por otra parte, esta idea judía parece negar la principal afirmación cristiana de que fue la muerte de Cristo en una cruz romana lo que trajo la redención al mundo entero. Sin embargo la conclusión opuesta puede surgir tras un examen más detenido. La idea de que la fidelidad de uno (Cristo Jesús) puede merecer la salvación y el perdón para todo el mundo es, de hecho, la misma idea judía de los méritos de los padres, ahora plenamente realizada en el Mesías Jesús.

 

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