De acuerdo con un aspecto destacado de la enseñanza cristiana, creyentes en Jesús están esperando un futuro en el que ellos sean transportados al cielo en un evento conocido como el «Rapto». El versículo más popular utilizado para apoyar esta visión del discurso escatológico de Pablo es 1 de Tesalonicenses 4:16-17. A pesar de las interpretaciones comunes de este texto en términos de una elevación del tiempo final desde la tierra, el Apóstol no describe un «rapto» fuera de nuestro mundo. Al contrario, en lugar de describir a los creyentes siendo conducidos al cielo, Pablo detalla eventos que ocurrirán en esta tierra en conjunto con la segunda venida del Mesías.

En su presentación de la Parousia, Pablo declara: «El Señor mismo descenderá del cielo con un grito de mando, con la voz de un arcángel, y con el sonido de la trompeta de Dios, y los muertos en el Mesías resucitarán primero. Entonces nosotros que estamos vivos, que fuimos dejados, seremos atrapados (ρπάζω; harpadzo) con ellos en las nubes, para encontrarnos con el Señor en el aire, y entonces siempre estaremos con el Señor» (1 de Tesalonicenses 4:16-17). Mientras que algunos leen un «rapto» dentro de estos versículos, el lenguaje y contexto de Pablo argumentan en contra de tal lectura. Primero, entre los griegos del día de Pablo, el «atrapados» (ἁρπάζω; harpadzo) fue utilizado como un eufenismo para una muerte prematura (ver la Carta de Plutarco a Apolonio 111C-D, 117B); el Apóstol reutiliza ἁρπάζω, no como otra palabra para muerte, sino como una descripción de una vida eterna sobre el regreso del Señor.

Segundo, el contexto no describe a Jesús (o a sus seguidores) subiendo al cielo, sino bajando a la tierra sobre las «nubes» (νεφέλαις; nephelais), que son vehículos comunes para la visitación divina (por ejemplo, Números 11:25; 12:5; Daniel 7:13; Marcos 13:26; Apocalipsis 10:1). Además, la referencia de Pablo sobre Yeshua llegando con el sonido de una «trompeta» (σάλπιγξ; sálpigx) recuerda la explosión del shofár que acompañó el descenso de Dios sobre el Sinaí: «Como el sonido de la trompeta (שׁופרshofárάλπιγξ; sálpigx [LXX]) se hizo más fuerte… el Señor bajó sobre el Monte Sinaí, a la cima de la montaña» (Éxodo 19:19). Una vez que Dios bajó sobre la tierra, «el Señor llamó a Moisés a la cima de la montaña, y Moisés llegó» (Éxodo 19:20). Así como Moisés va a encontrarse con el Señor en el aire rarificado de la cima de la montaña, Pablo afirma que los creyentes se encontrarán con el Señor descendiente en el «aire» (ἀήρ; aér) —no en un rapto hacia el «cielo» (ορανός; ouranós)—.

Finalmente, al igual que Moisés eventualmente vuelve a bajar a la montaña (ver Éxodo 19:25), aquellos que se encuentren con el Mesías en el aire también volverán a bajar a esta tierra. La imagen de Pablo es de un emperador que regresa de una campaña militar: en el antiguo mundo romano, los emperadores victoriosos regresarán a la capital junto a un tren masivo de prisioneros extranjeros, riqueza y otros botines de guerra. Al escuchar sobre el regreso del emperador, los ciudadanos romanos se encontrarán con su líder triunfante en el camino y lo seguirán de regreso a la ciudad como parte de la celebración de una procesión. Pablo imagina un escenario similar con la segunda venida de Jesús: el Mesías comenzará su descenso sobre las nubes y sus seguidores lo encontrarán en un punto intermedio en el aire y entonces podrán seguir a su Rey conquistador de regreso a esta tierra.

Aunque es común leer sobre un «rapto» en ciertos círculos cristianos dentro de 1 de Tesalonicenses 4:16-17, esta conclusión no toma en cuenta los contextos literarios y culturales de Pablo. En lugar de describir sobre un portal hacia el cielo, el Apóstol ofrece una ventana dentro de la vida eterna que llega con la resurrección de los muertos y el reinado eterno de Jesús en el Reino de Dios.

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