Según las cartas de 2 Pedro y Judas, los ángeles pecaron en el cielo y terminaron encadenados (consultar 2 Pedro 2:4; Judas 1:6). Algunos leen estos versículos como recuerdos de la supuesta rebelión y caída de Satanás, pero esta comprensión es falsa. Primero, como ya hemos visto, las Escrituras de Israel no mencionan el descenso primordial del diablo; Isaías y Ezequiel se refieren a reyes terrenales egoístas, más que a Satanás. Segundo, el lenguaje del Nuevo Testamento no se alinea con la historia tradicional del diablo arrojado al infierno. Tercero, los contextos de 2 Pedro y Judas se refieren a los seres divinos en Génesis 6, no a un solo ángel que se convirtió en «Satanás». Si bien estos versículos no son etiologías sobre el Maligno, sí recuerdan el dominio divino sobre los rebeldes espirituales y resaltan la soberanía continua de Dios tanto en el cielo como en la tierra.

2 de Pedro 2:4 declara: «Dios no perdonó a los ángeles cuando pecaron, sino que los arrojó al Tártaro (ταρταρώσας; tartarósas) y los confinó en cadenas de tristeza/oscuridad (ζόφως; zóphos) para mantenerlos hasta el juicio». Este versículo difiere en varias formas con la historia tradicional de Satanás. Primero, Pedro no menciona al «diablo» o a «Satanás»; sino, el texto describe a múltiples ángeles que pecaron, en lugar de un arcángel llamado Lucifer. Segundo, Dios no pone a estos ángeles en el «infierno» (γέεννα; gehenna), sino en el Tártaro, el lugar donde, según la antigua teología griega, Zeus encarceló a los titanes primordiales. El poeta griego Hesíodo dice: «Está tan lejos [del cielo a la tierra como lo está] de la tierra al Tártaro turbio (τάρταρον; tártaron)… Ahí es donde los dioses titanes están ocultos en la oscuridad (ζόφω; zópho)» (Theogonía 721-29). 2 de Pedro hace eco a la descripción de Hesíodo el Tártaro sombrío, no como a un lugar infernal donde Satanás reina, sino como una especie de cueva de otro mundo para las divinidades encarceladas.

De hecho, la insistencia bíblica de que estos ángeles rebeldes están encarcelados, confinados en «cadenas» (σειραῖς; seirais), muestra que 2 Pedro no puede estar hablando de Satanás. En 1 de Pedro, se les dice a los lectores: «Tengan una mente sobria; sean cuidados. Su adversario, el diablo, camina (περιπατέω; peripatéo) como un león rugiente, buscando a quien devorar» (1 Pedro 5:8). Esta descripción de un adversario itinerante hace eco de las palabras de Satanás en Job. Cuando Dios le pregunta a Satanás dónde ha estado, él le dice: «Yendo y viniendo de la tierra… caminando (התהלך; hithaléj) sobre ella» (Job 1:7; consultar Job 2:2). Si, como señalan Job y Pedro, Satanás pasa su tiempo caminando sobre la tierra, entonces el demonio no está encadenado en el Tártaro (o en el infierno, para tal caso). Por lo tanto, 2 Pedro 2:4 no se refiere a la caída de Satanás del cielo y a su posterior encarcelamiento; mientras ciertos ángeles están encadenados, Satanás no.

Los contextos de los «ángeles» del Nuevo Testamento recuerdan el episodio justo antes del diluvio, así como las narraciones posteriores del Génesis. El comienzo de Génesis 6 dice que los «hijos celestiales de Dios (בני האלהים; benéi ha’elohím) vieron a las hijas de la humanidad… y las tomaron como esposas a cualquiera que eligieron» (Génesis 6:2). Después de este encuentro divino-humano, Noé entra en la narrativa (Génesis 6:8). Después del diluvio, el próximo acto de gran destrucción divina es en Sodoma y Gomorra (Génesis 19:23-29). 2 Pedro remite a esta secuencia precisa de eventos refiriéndose a los divinos «hijos de Dios» como «ángeles» en Génesis 6: «Dios no perdonó a los ángeles cuando pecaron, sino que los arrojó al Tártaro… no perdonó al mundo antiguo [en el diluvio], pero preservó a Noé… [y Dios] convirtió las ciudades de Sodoma y Gomorra en cenizas» (2 Pedro 2: 4-6). Judas 1:6-7 menciona las consecuencias sombrías del pecado angelical en los mismos términos que 2 Pedro, y también coloca la historia junto a una referencia a Sodoma: «Los ángeles que… dejaron su morada correcta, [Dios] los ha mantenido encadenados eternamente bajo oscuridad hasta el juicio del gran día, al igual que Sodoma y Gomorra… sufrieron un castigo de fuego eterno». El Nuevo Testamento no relata una caída primordial de Satanás del cielo; en cambio, tanto 2 Pedro como Judas hacen remembranza a los eventos de Génesis, y les recuerdan a los lectores la habilidad continua de Dios para someter a las fuerzas divinas rebeldes.

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