Según la narración del nacimiento de Jesús que aparece en el Evangelio de Lucas, María «dio a luz a su hijo primogénito y lo envolvió en telas (ἐσπαργάνωσεν; espargánosen) y lo acostó en un pesebre…» (Lucas 2:7). Un ángel le describe la escena a los pastores diciendo: «Esto les servirá de señal: encontrarán a un bebé envuelto en telas y acostado en un pesebre» (Lucas 2:12). ¿Por qué Lucas repite el acto aparentemente mundano de envolver al niño Jesús, y por qué el ángel llama al bebé envuelto como una «señal» (σημεῖον; semeion) para los pastores? En los contextos culturales judíos y helenísticos del siglo I, estos versículos denotan la realeza humana y la supervisión divina. Lucas se refiere a «envuelto en telas» para destacar a Jesús como hijo real de David y como el ungido de Dios.

En el libro judío de Sabiduría (siglo I a.C.), el Rey Salomón describe sus primeros días diciendo: «Fui amamantado con esmero envuelto en telas (σπαργάνοις; spargánois). Porque ningún rey comenzó de otra forma su existencia» (Sabiduría 7:4-5). Lucas señala que Yeshúa está envuelto en telas, al igual que Salomón, para mostrar que este niño es un rey de la línea de David. La retórica del ángel de Lucas apoya esta conexión entre Jesús y Salomón: «A ti te ha nacido hoy en la ciudad de David un salvador, que es el Mesías, el Señor. Esto será una señal para ti: encontrarás a un niño envuelto en telas» (Lucas 2:11-12). Envuelto en telas constituye una señal de la realeza judía, y una afirmación de la identidad de Jesús como rey davídico del pueblo judío.

Otra referencia bien conocida sobre envuelto en telas aparece en la literatura griega de Hesíodo (siglo VIII a.C.). En un texto llamado «Teogonía», Hesíodo narra el nacimiento de Zeus, en medio del intento de su padre Cronos por comerse al bebé. La Diosa Rea, con la finalidad de engañar a su marido y salvar a su hijo, envuelve «una gran piedra en telas (σπαργανίσασα; sparganísasa)» y Cronos consume la piedra pensando que es su hijo (Teogonía 485). Cronos vomita la piedra, el niño se salva y Zeus crece para derrotar a su padre y convertirse en el dios supremo del panteón griego. Cualquier lector antiguo educado del Evangelio griego de Lucas habría conocido esta historia del nacimiento de Zeus, pero el evangelista hace eco de la terminología de Hesíodo en un contexto muy diferente: en el nacimiento de Jesús, no hay otra deidad que lo amenace, al contrario, Yeshúa es el «Señor» (Lucas 2:11), y trae la «gloria a Dios en las alturas» (Lucas 2:14). La señal celestial de las telas de Jesús, proclaman que este niño judío no el Zeus de Hesíodo es el verdadero Rey de Reyes y Señor de Señores.

BEGIN YOUR JOURNEY OF DISCOVERY

Dejar respuesta

Please enter your name here
Words left: 50
Please enter your comment!