En tiempos antiguos, los israelitas tuvieron una práctica distintiva en la agricultura que los separaba de las otras naciones. «Cuando siegues la cosecha de tu tierra, no segarás hasta las esquinas del campo ni reunirás el espigado de tu cosecha; lo dejarás para el pobre y para el extranjero. Yo soy el SEÑOR tu Dios» (Levítico 23:22).

La idea de esta caridad en la agricultura es simple —los israelitas no deberían cosechar todo, sino dejar las orillas de sus campos para que miembros de su comunidad que estuvieran en necesidad pudieran reunir los cultivos restantes y alimentarse—. Curiosamente, Dios no especifica cuánto de la tierra deberían de dejar sin cosechar. Eso lo dejó a la conciencia de cada individuo. A Israel se le ordenó compartir las bendiciones de sus cosechas tanto con los hermanos en necesidad como con los extranjeros que vivían entre ellos.

La palabra hebrea para «esquina» del campo en este versículo es (פֵּאָה; péa)Puede referirse a «orilla»,«borde», «frontera», «lado» o «esquina». Incluso puede significar «frente» o «sien» porque se consideran «los bordes del rostro». Puedes estar familiarizado con la práctica cultural judía de no rasurarse o cortarse los (פֵּאֹת; peót) «las esquinas u orillas de la barba». Puede parecer un mandamiento muy extraño. ¿Por qué le importaría a Dios cómo los israelitas llevan el cabello? (Levítico 19:27)

Así como Dios esperó que su pueblo dejara algo del producto en las esquinas de sus campos para los pobres, Dios también quiso que Israel recordara esta responsabilidad social. Su obligación de cuidar a los más necesitados en su comunidad debería haber estado tan arraigada en sus vidas que deberían utilizar un recordatorio de esta obligación en sus rostros. De esta forma su identidad (y su apariencia) está inseparablemente conectada a la voluntad de Dios para su pueblo.

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