Un texto que sigue siendo un enigma para la mayoría de los seguidores de Cristo es la historia posterior a la resurrección en el capítulo 20 del Evangelio de Juan, donde Jesús advierte a María que se abstenga de tocarlo, pero una semana después, invita a Tomás a hacer justamente eso.

María, al ver a su querido rabino presuntamente muerto pero ahora vivo, intentó abrazar al Jesús resucitado (versículo 16). Él le dijo enfáticamente que no podía tocarlo porque aún no había ascendido a su Padre (versículo 17). Poco después (cuando todos los discípulos se juntaron para reagruparse), Cristo apareció resucitado ante ellos. Tomás estuvo ausente de esta reunión (versículos 19-21). Más tarde, cuando los discípulos le informaron a Tomás que habían visto a Jesús vivo, él comprensiblemente respondió con escepticismo (versículo 24). Ocho días después, Jesúinesperadamente apareció de nuevo a los discípulos que estuvieron reunidos y desafió a Tomás a que lo tocara, colocando sus manos en los agujeros que habían quedado en su cuerpo (versículos 26-27). La pregunta obvia es esta: ¿por qué Jesús se lo negó a María, pero luego animó a Tomás a tocarlo?

Para poder comprender por qué Jesús da instrucciones muy diferentes a María y a Tomás, debemos entender los requisitos de pureza para el Sumo Sacerdote judío el Día de la Expiación. Al Sumo Sacerdote se le prohibió entrar en contacto con cualquier cosa que estuviera ceremonialmente impura para evitar ser descalificado de entrar ante la presencia de Dios al día siguiente. ¡Era mucho lo que dependía de esta pureza ritual!

Después de su resurrección, Jesús (como nuestro gran Sumo Sacerdote) pronto estaría ministrando en el tabernáculo celestial (Hebreos 9:11). Es importante que Jesús apareciera a los discípulos y le dijera a Tomás que lo tocara después de ocho días, ya que se necesitan siete días para ordenar a un sacerdote (Éxodo 29:35).

La razón más probable para las instrucciones de Jesús a María tuvo que ver con el hecho de que Él estuvo decidido a entrar en el tabernáculo celestial, listo para servir en un estado consagrado. La contaminación no habría sido un pecado, pero lo habría descalificado (por un periodo de tiempo) de entrar ante la presencia de Dios. María pudo haber tenido algunas razones para causar la contaminación (posible ciclo menstrual, haber entrado a la tumba, etcétera), la misión sacerdotal de Jesús era demasiado importante como para permitir cualquier posibilidad de fracaso. En el momento en que Jesús se encuentra con Tomás, su labor sacerdotal está hecha. Había regresado de completar sus deberes y la posible contaminación ya no era un problema.

El papel de Jesús como profeta se llevó a cabo durante su vida terrenal. Su papel como rey aún no se había realizado en el momento de la ascensión. Primero necesitaba ser ordenado como sacerdote y cumplir con sus deberes en el tabernáculo celestial. No debía permitir que nada se interpusiera en el camino para el cumplimiento de su misión.

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