El libro de Hechos describe a los seguidores judíos de Cristo del siglo I de una manera inesperada para la mayoría de los creyentes modernos. Son descritos en términos que recuerdan a una sociedad utópica, en la que los creyentes tuvieron todas las cosas en común y ninguno tuvo necesidad (Hechos 4:32-35).

Pero, ¿en qué se basó este estilo de vida comunitario en Cristo Jesús? La Torá, con todo su cuidado por los pobres y necesitados (Levítico 23:22), nunca habla de propiedad compartida. De hecho, mantiene los derechos de propiedad privada (Éxodo 20:17). Los profetas hebreos no enseñaron que todos los fieles debían abandonar todo lo que poseían. Jesús desafió a un joven a vender todas sus posesiones (Mateo 19), pero fue para exponer y desafiar el amor de ese hombre por las posesiones mundanas. No hay indicios de que Jesús haya querido que esta enseñanza fuera normativa para todos sus seguidores.

Nuestra mejor reconstrucción disponible vincula a este grupo de seguidores de Cristo con las comunidades esenias que (según Flavio Josefo) ya habían estado practicando este tipo de estilo de vida durante siglos. El historiador judío los describe de esta manera: «…uno no puede encontrar a una persona entre ellos que tenga más en términos de posesiones… los que ingresan a la comunidad deben ceder sus fondos a la orden… los activos de cada uno son mezclados, como si fueran hermanos, para crear un fondo para todos» (Guerras Judías, II, 8, 3).

Si la comunidad en Hechos estuviera formada por una mayoría esenia que estuviera aliada con Jesús, entonces tendría sentido la continuación de esta práctica comunal de siglos de antigüedad.

LLevemos esta intrigante teoría un paso adelante. En una ocasión, Jesús hizo una curiosa promesa a sus discípulos. Él dijo: «Pediré al Padre, y él les dará OTRO consolador» (Juan 14:16). Esto implica, por supuesto, que él mismo fue el PRIMER consolador. No niego que el Espíritu de Santidad/Espíritu Santo es el consolador de quien habló Cristo, pero, ¿por qué lo expresó de esta manera? ¿Por qué decir OTRO consolador?

Basado en himnos encontrados entre los Rollos del Mar Muerto, Israel Knohl, profesor de la Universidad Hebrea —y profesor invitado aquí en el Israel Bible Center—, argumentó que una generación antes de Jesús, surgió un líder mesiánico y se hizo conocido como el Maestro de Justicia. Es posible identificar a esta persona con Menajém el esenio, quien ocupó un puesto de asesor en la corte del Rey Herodes.

Menajém llevó una vida muy peligrosa, preparándose en secreto para lo que finalmente resultó ser una revuelta fallida. Sus seguidores creyeron que él era el Mesías, pero fue deshonrado y asesinado por soldados romanos durante la revuelta del año 4 a.C. (Más tarde, sus seguidores sobrevivientes creyeron que él cumplía la profecía del siervo sufriente en los textos de Isaías).

La palabra hebrea que se encuentra detrás del término «consolador», mencionado anteriormente es, de hecho, (מנחם; Menajém) —igual que el nombre del líder esenio mencionado por Flavio Josefo—. (El término griego παράκλητος; Paraclete es el Menajém hebreo traducido al griego).

Es posible que Jesús, al referirse al Espíritu Santo que viene como «otro consolador», se identificara a sí mismo como el verdadero/último (מנחם; Menajém); y que estuviera invitando a la comunidad esenia a poner su confianza en Él. A diferencia de Menajém el esenio, el último consolador (Jesús) dirigió una rebelión exitosa contra todos los enemigos de Israel y con su resurrección venció incluso el pecado y la muerte.

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