Al final de Mateo 25, Jesús presenta a los justos como «ovejas» y a los injustos como «cabras», y concluye que las cabras «irán al castigo eterno, pero los justos a la vida eterna» (Mateo 25:46). Inicialmente, esta declaración parece sugerir que los injustos sufrirán conscientemente en un tormento eterno. Sin embargo, en el lenguaje judeo-griego del Evangelio, la palabra «castigo» (κόλασις; kólasis) no denota sufrimiento continuo; en cambio, este tipo de castigo es el equivalente a «muerte». En la ilustración escatológica de Jesús sobre las ovejas y las cabras, él afirma que los justos disfrutarán de la vida eterna, mientras que los injustos experimentarán la muerte eterna.

En las pocas veces que el término de Mateo para «castigo» (κόλασις; kólasis) aparece en la traducción griega de las Escrituras de Israel, este se refiere a la muerte. Dios le dice a Ezequiel que los israelitas idólatras han impuesto su propio «castigo» (κόλασις; Ezequiel 14:3-4, 7 LXX; consultar Ezequiel 43:11; 44:12) de ser «cortados» (כרת/ἐξαίρω) y «destruidos» (שׁמד/ἀφανίζω) de en medio de Israel (Ezequiel 14:8-9). Más tarde, Dios les pide a los israelitas que se arrepientan para evitar el «castigo (κόλασις; kólasis) por su iniquidad» (Ezequiel 18:30). Con referencia a este castigo, Dios dice «Alejen de ustedes toda su impiedad… porque ¿por qué deberían morir (ἀποθνήσκω), casa de Israel? Porque no deseo la muerte de los que mueren (θάνατον τοῦ ἀποθνήσκοντος)»(Ezequiel 18:31-32). En Ezequiel, el posible «castigo» para los israelitas rebeldes es la muerte.

Del mismo modo, el castigo de κόλασις significa «muerte» en Jeremías. El profeta dice que aquellos en su ciudad natal de Anatot «han pronunciado palabras contra mi vida, y han ocultado el castigo (κόλασις; kólasis) que [pretendieron] para mí» (Jeremías 18:20 LXX). Los enemigos de Jeremías esperaban castigarlo con la muerte, pero Dios promete imponerles el mismo castigo: «Así dice el Señor acerca de los hombres de Anatot que buscan tu vida… Los castigaré. Los jóvenes morirán (מות/ἀποθνήσκω)» (Jeremías 11:21-22). A la luz de las pocas instancias de κόλασις en la Septuaginta (consultar 2 Macabeos 4:38; 4 Macabeos 8:9; Sabiduría 11:13; 16:24), cuando la traducción griega de la Escritura usa la palabra «castigo» que aparece en Mateo 25:46, esta se refiere a la muerte finita, más que al tormento infinito.

Equipado con lenguaje y contexto bíblico, un regreso a Mateo 25:46 muestra que el «castigo» —al igual que en Ezequiel y en Jeremías— significa muerte, no sufrimiento continuo y consciente. Ya que Yeshúa declara que los justos tendrán una «vida» eterna (ζωή), los injustos deben experimentar exactamente lo contrario: la «muerte» eterna. Esta idea puede ser confusa para los lectores modernos; después de todo, si la muerte marca el final de la experiencia consciente, ¿cómo la muerte puede ser «eterna» (αἰώνιος; aiónios)? Una de las creencias fundamentales del judaísmo del siglo I era la resurrección corporal, que aseguraba que la «muerte» no duraría para siempre; más bien, los muertos serían resucitados a la vida. En Mateo, Jesús declara que cuando venga a juzgar a la tierra, algunos continuarán viviendo y otros morirán sin la esperanza de la resurrección. Por lo tanto, la muerte de las «cabras» será eterna.

La misma imagen de la vida eterna y la muerte aparece al final de Isaías. Después de que Dios crea nuevos cielos y nueva tierra, los justos siempre vivos «salen y miran los cadáveres de las personas (פגרי האנשׁים; pigréi ha’anashím) que se han rebelado contra [Dios]. Porque su gusano no morirá (תולעתם לא תמות; tola´atám lo tamút)ni su fuego se apagará (אשׁם לא תכבהishám lo tejabé)» (Isaías 66:24). Esta es la imagen profética en la que Jesús basa su metáfora sobre las ovejas/cabras. Según Isaías, los injustos terminan en un fuego eterno, pero son «cadáveres» (פגרים; pegarím), no seres vivos. Es decir, mientras su «fuego» (אשׁ; aísh) es eterno, y sus cuerpos nunca dejan de descomponerse —de ahí la referencia a la resistencia de su «gusano» (תולע; tolá)— los injustos están muertos, para nunca volver a levantarse. Del mismo modo, el Hijo del Hombre envía a los injustos al «fuego eterno» (πῦρ τὸ αἰώνιον; pur tò aiónion; Mateo 25:41) que «destruye el cuerpo y el alma» (Mateo 10:28). En Mateo, al igual que en Isaías, el fuego arde para siempre, pero los que están dentro están muertos.

Si uno lee la referencia de Jesús sobre el «castigo eterno» fuera de su contexto literario e histórico, uno podría suponer que el Mesías habla del sufrimiento eterno en el infierno. Sin embargo, una investigación en el mundo del antiguo Israel muestra que tal «castigo» describe la finalidad de la muerte. En la presentación de Jesús sobre la labranza escatológica, esto no termina bien para las cabras —pero su destino no es un tormento eterno—. Según Mateo, los injustos mueren para siempre, mientras que los justos continúan disfrutando de la vida eterna en el reino de Dios.

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