En el mundo antiguo, la nación de Israel se mantuvo separada. La Torá (Pentateuco) describe «un pueblo que mora aparte, y que no será contado entre las naciones» (Números 23:9). En el libro de Ester, el visir Amán llama a los judíos «un pueblo esparcido y diseminado entre los pueblos… sus leyes son diferentes de las de todos [otros] los demás pueblos…» (Ester 3:8). La palabra para «ley» aquí es (דת; dat), un extranjerismo cuyo significado sería «religión» en el hebreo posterior.

De hecho, muchas de las creencias, costumbres, y reglas contrastaron con la de la mayoría de las sociedades antiguas. Durante el periodo del Segundo Templo (530 a.C.-70 d.C.) un gran número de judíos se encontró viviendo en la diáspora (dispersión fuera de la tierra de Israel) entre paganos de habla griega y latina. Incluso dentro de Judea y el resto de Israel, el idioma, el pensamiento y el estilo de vida helenístico y romano ejercieron una fuerte influencia.

En este contexto, la supuesta «mente cerrada» de los judíos acerca de un solo Dios —cuando se ofrecieron docenas de dioses y diosas atractivos— provocó cierto asombro. Prácticas como el sabbat y la circuncisión también parecieron extrañas. Entonces, ¿los antiguos griegos y romanos cómo vieron a los judíos?

Lo primero que se tiene que notar es ¡que recibían muchos comentarios! Menahem Stern, un famoso historiador en la Universidad Hebrea de Jerusalén necesitó más de mil páginas para compilar las selecciones de los autores griegos y latinos que hablaban sobre los judíos y el judaísmo. Margaret Williams, una historiadora en la Universidad de Edinburgo, escribe: «El impacto que tuvieron los judíos sobre los griegos y los romanos queda drásticamente ilustrado por… la gran cantidad de referencias sobre ellos en la literatura griega y latina».

Las opiniones de los antiguos griegos y romanos sobre los judíos cubren un rango, de extremadamente positivo a extremadamente negativo. El filósofo Teofrasto (siglos III-IV a.C.), un discípulo de Aristóteles, escribió sobre los judíos: «Ser filósofo por raza, ellos hablan uno con el otro sobre la deidad, y en la noche hacen observaciones sobre las estrellas, contemplándolas y llamando a Dios en oración». El uso del término griego (φιλόσοφοι;philosophoi), literalmente «amantes de la sabiduría» representa el mayor de todos los cumplidos posibles en la mente de Teofrasto.

Por el contrario, Tácito, el senador e historiador romano (siglos I-II d.C.) llamó al pueblo judío «una raza detestada por los dioses… [teniendo] una nueva forma de adoración, opuesta a todas las practicadas por otras personas. Las cosas sagradas para nosotros, no tienen santidad para ellos, mientras que aquello que para nosotros está prohibido, para ellos está permitido». También acusó a los judíos de «perezosos» por descansar el séptimo día (el sabbat).

Muchas de las fuentes escritas expresan puntos de vista antijudíos, sin embargo, también hablan de un gran número de paganos que encontraron atractivo y valioso el estilo de vida judío y la fe. Leemos repetidamente de prosélitos (conversos) y «temerosos de Dios» (no judíos que visitaron las sinagogas, aprendieron la Torá y adoptaron algunas prácticas judías.) El cristianismo gentil surgió de este ambiente greco-romano donde los paganos se enfrentaron con las ideas y creencias judías, respondiendo en una extrema variedad de maneras.

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