Cuando estaba creciendo, me dijeron que usara el nombre de Dios en la iglesia, en la oración, o en otros contextos espirituales, pero decir «Dios» en un contexto no religioso —después de golpearse un dedo del pie o haber perdido un juego— era quebrantar el mandamiento: «No tomarás el nombre del Señor tu Dios en vano» (Éxodo 20:7). Aunque todavía me abstengo de decir «Dios» fuera del contexto religioso, este versículo no significa lo que me enseñaron cuando estaba creciendo. Cuando la Biblia proscribe tomar el nombre del Señor en vano, no se refiere a decir «Dios» como una exclamación o interjección; en lugar de eso, prohíbe invocar el nombre divino en un juramento, y luego no cumplir con ese juramento.

En el antiguo Israel, un juramento era una declaración solemne que comenzaba con las palabras: (חי־יהוה; jai Adonái), «vive el Señor» y significaba: «Si no cumplo el siguiente juramento, ¡que el Señor que vive me dé muerte!» Por ejemplo, después de que Jonatán convenciera a Saúl de no matar a David, «Saúl juró: “Vive el Señor, (חי־יהוה; jai Adonái), él no morirá”» (1 Samuel 19:6). El juramento de Saúl significa que si David muere de la mano de Saúl, entonces Saúl también merece morir.

La palabra hebrea comúnmente traducida como «tomar» en Éxodo 20:7 es (נשא; nasá), que significa «llevar» o «levantar». Invocar el «nombre» de Dios (שׁם; shem) significa «llevarlo», al igual que Aarón tuvo que «llevar (נשא; nasá) los nombres (שׁמות; shemót) de los israelitas en su pectoral» (Éxodo 28:29). Como portador del nombre de Dios, quien toma el juramento debe cumplir el juramento jurado, o por el contrario… Yeshua instó a sus seguidores a no tomar el nombre de Dios en vano cuando dijo «no juren de ningún modo» (Mateo 5:34) —de esta manera, nunca jurarán lo que podrían no cumplir—, así estarán seguros de que ¡nunca quebrantarán el mandamiento!

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