Cada estudiante de la Biblia sabe que Isaac fue el padre de Jacob. Según Génesis 25:21-26, Rebeca concibe gemelos, y el nacimiento de Jacob sigue (literalmente) los pasos de Esaú. Aunque, tres capítulos más tarde, Dios le dice a Jacob: «Yo soy el Señor, el Dios de Abraham tu padre (אברהם אביךAvrahám avíja), y el Dios de Isaac» (Génesis 28:13). Dios especifica a Abraham como el padre de Jacob, pero no a Isaac. El cambio divino en la terminología por línea paterna ocurre antes de que Dios le de a Jacob las mismas promesas del pacto que Abram había recibido en su llamado. Al referirse a Abraham como el padre de Jacob, el Señor reitera la garantía de que la nación inaugurada con Abram se convertiría en una bendición para el mundo entero.

Según Génesis: «Isaac amó a Esaú porque él comió de su caza, pero Rebeca amó a Jacob» (Génesis 25:28). Estas preferencias parentales llevan a una dicotomía filial cuando Jacob roba la bendición de Esaú. En Génesis 27, Isaac llama a Esaú «mi hijo» (בני; bení) dos veces (Génesis 27:1, 37), y otras siete veces cuando él piensa que el Jacob disfrazado es Esaú (Génesis 27:20-21, 24-27). Raquel llama a Jacob «mi hijo» tres veces (Génesis 27:8, 13, 43), pero ningún padre se dirige a las respectivas contrapartes filiales de esta manera. Entonces, Génesis subraya la preferencia de Isaac por Esaú y la lealtad de Rebeca hacia Jacob. La única excepción aparece justo antes de que Jacob engañe a su padre. Sin saber cuál de sus hijos está ante él, Isaac pregunta: «¿Quién eres, mi hijo (בניbení)?»; Jacob contesta: «Soy Esaú tu primogénito» (Génesis 27:18-19). En el momento antes del engaño, las Escrituras le recuerdan al lector que, a pesar del cariño de Isaac por Esaú, la filiación pertenece a ambos hijos. Aún así, la astucia de Jacob impacta profundamente a su padre —cuando se da cuenta de la artimaña «Isaac tiembl[a] un gran temblor» (ויחרד יצחק חרדה גדלה; vayeherád Yitzják haradá gedolá; Génesis 27:33). Jacob asegura la bendición de Isaac, pero las Escrituras dicen que la calidad de la relación padre-hijo permaneció ambigua hasta que «Isaac mandara lejos a Jacob» (Génesis 28:5).

Después de que Jacob dejara a su padre, él tiene un sueño visionario de Dios sobre una «escalera» celestial (סלם; sulám; Génesis 28:12). La deidad declara: «Yo soy el Señor, el Dios de Abraham tu padre, y el Dios de Isaac. La tierra en la que estás la daré a ti y a tu descendencia (לך אתננה ולזרעךlejá etnéna u’lezaréja). Tu descendencia será como el polvo de la tierra (כעפר הארץk’afár ha’áretz)… y en ti todas las familias de la tierra serán bendecidas (נברכו בך כל משׁפחת האדמהnivrajú bejá cól mishpejót hadamá)» (Génesis 28:13). La promesa divina de Jacob hace eco de lo que Dios había dicho a Abraham, y que luego le reiteró a Isaac. Dios le proclama a Abram: «…En ti todas las familias de la tierra serán bendecidas… A tu descendencia le daré esta tierra… Haré a tu descendencia como el polvo de la tierra» (Génesis 12:3, 7; 13:16; consultar Génesis 15:7, 18; 26:2-4). En el contexto más amplio de Génesis, Dios se refiere a Abraham como al «padre» de Jacob (אב; av) para mostrar que, a pesar de la sólida relación entre Isaac y Jacob, también existe un vínculo de la línea paterna entre Jacob y su abuelo —Jacob es tanto «hijo» de la promesa de Abraham como Isaac—. Aunque la experiencia humana puede involucrar lealtades desiguales y engaños, Dios permanece trabajando en el mundo para mantener las promesas del pacto.

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