Todos los que conocen la historia del Evangelio han oído hablar de los ladrones en la cruz. Hay innumerables pinturas, libros y películas que presentan estas dos figuras. Pero, ¿y si te dijera que los hombres crucificados junto a Jesús no fueron realmente ladrones? La mayoría de las personas conocen esta historia a través de las traducciones populares. Las diferentes versiones los llama «ladrones», pero el texto griego dice algo muy diferente.

En griego antiguo, el término para «ladrones» es (κλέπται; kleptai), una palabra bastante común en el Nuevo Testamento (consultar Mateo 6:19; 24:43; Lucas 12:33, 39; Juan 10:1; 1 Corintios 6:10). Pero no es así como los evangelistas llaman a los dos hombres crucificados junto a Jesús. En Lucas se les llama «malhechores» (κακοῦργοι, kakourgoi) o «criminales» (Lucas 23:33). En Mateo y Marcos el término griego es (λῃσταί; leistai), que se traduce mejor como «asaltantes» o incluso «bandidos» (Mateo 27:38, Marcos 15:27).

Aunque las personas tienden a usar los términos indistintamente hoy en día, parece haber una distinción entre ladrones (κλέπται, kleptai) y asaltantes (λῃσταί, leistai) en el mundo antiguo. Los ladrones y asaltantes irrumpen en lugares y roban objetos de valor, pero el robo a menudo se refiere a un crimen violento en la antigüedad. Los ladrones, bandidos y asaltantes no se limitan a arrebatar bienes; más bien, los toman por la fuerza después de brutalizar o asesinar a sus víctimas. El libro de Baruc 36:31 (siglo II a.C.) habla de un «ladrón ágil (λῃστής, leisteis)» que es difícil de atrapar porque salta de ciudad en ciudad. La carta de Jeremías 6:14 (siglo II a.C.) usa el mismo término cuando menciona ídolos de deidades que no pueden defender sus templos de los saqueadores.

Ejecutar en cruces a ladrones comunes, carteristas o ladrones de mercados parece excesivo. Un espantoso método de ejecución pública como la crucifixión estaba reservado para criminales más atroces. En 332 a.C., Alejandro Magno crucificó a dos mil desafiantes sobrevivientes del asedio fenicio de Tiro (Quintus Curtius Rufus, Historia de Alejandro 4.4.17). En el 71 a.C., gladiadores, esclavos y romanos pobres, quienes sumaban cien mil personas, iniciaron un levantamiento; los romanos aplastaron esta rebelión de Espartaco y seis mil rebeldes fueron crucificados en el camino a Roma (Appian, Guerras Civiles 1.121). En el 88 a.C., el saduceo Alejandro Janneo crucificó a 800 fariseos que fueron sus oponentes políticos (Josefo, Antigüedades13.380).

La brutalidad y la exhibición pública de la crucifixión estaban destinadas a causar humillación y disuadir a los posibles delincuentes. La historia apunta a la crucifixión como el castigo de los disidentes, agitadores políticos, combatientes rebeldes, adversarios religiosos, revolucionarios y enemigos del estado. Los usos de los Evangelios de «criminales» (κακοῦργοι; kateurgoi) y «asaltantes» (λῃσταί; leistai) para describir a quienes están al lado de Jesús en el Gólgota son más apropiados que llamarlos «ladrones» (κλέπται; kleptai).

Jesús fue crucificado con base a la percepción de que afirmaba ser el «Rey de los judíos», lo que habría sido visto como un posible rival político de César y sus vasallos de Judea. La acusación estaba escrita en la inscripción sobre su cabeza ( Mateo 27:37; Marcos 15:26; Lucas 23:38). Después de todo, invitó a la sospecha cuando atrajo a grandes multitudes y enseñó sobre el Reino de Dios, que claramente no era el Imperio Romano. Aunque Yeshúa no hizo un llamado a la revolución o a la violencia, podría percibirse que tuvo una agenda política. Incluso su compañía galilea lo acusaría como sospechoso porque la mayoría de los zelotes y rebeldes procedían de esa región.

Entonces, ¿qué tipo de robo tendrían que cometer los dos hombres junto a Jesús para ser dignos de la crucifixión? Probablemente uno violento; el tipo que involucraba asesinato o estaba políticamente motivado contra los romanos. Aunque esto es especulación (la Biblia no menciona los crímenes de los hombres), pero podrían haber sido ladrones de caminos que emboscaron a los convoyes romanos. Bajo la ley romana, tal crimen contra el Estado los haría dignos de tal sufrimiento público por medio de la crucifixión.

¿Con qué frecuencia nuestras suposiciones culturales modernas o la traducción bíblica preferida crean todo tipo de inexactitudes en nuestras mentes? La única forma de evitar malentendidos interpretativos y percances contextuales es estudiar la historia de la antigüedad y los idiomas originales de los textos antiguos.

 

BEGIN YOUR JOURNEY OF DISCOVERY

Dejar respuesta

Please enter your name here
Words left: 50
Please enter your comment!