En Apocalipsis 1: 4-5a leemos:

«Juan, a las siete iglesias que están en Asia (provincia occidental Romana de Asia Menor): Gracia y paz a ustedes, de parte de aquél que es y que era y que ha de venir, y de parte de los siete espíritus que están delante de su trono, y de parte de Jesús el Mesías, el testigo fiel, el primogénito de los muertos y el soberano de los reyes de la tierra».

¿Estos siete espíritus delante del trono de Dios realmente son un solo Espíritu Santo?

Primero, la interpretación tradicional vincula a los siete espíritus en Apocalipsis con los siete «aspectos» del Espíritu en Isaías 11:2:

«Y reposará sobre Él el Espíritu del Señor, espíritu de sabiduría y de inteligencia, espíritu de consejo y de poder, espíritu de conocimiento y de temor del Señor».

En realidad existen seis aspectos, no siete, porque el «espíritu del Señor» no es uno de los aspectos. Se proporciona una mejor traducción, mostrando acertadamente que cada par es realmente un mismo concepto. Esto reduce los «seis» aspectos a un total de tres: El espíritu del Señor reposará continuamente sobre él, —espíritu que da extraordinaria sabiduría, espíritu que proporciona la capacidad para ejecutar planes y espíritu que produce lealtad absoluta al Señor—.

Segundo, en libros judíos no canónicos como 1 Enoc (que tiene muchas referencias a las tradiciones del Hijo de Hombre judío), nos encontramos repetidamente con una frase que de otra manera nos resulta desconocida, «el Señor de los espíritus». Por ejemplo, leemos en 1 Enoc 46:1-2:

«Allí contemplé al Anciano de Días, cuya cabeza era como lana blanca; y junto a Él había otro, cuya figura tenía la apariencia de un hombre… Luego pregunté a uno de los ángeles que me acompañaron y que me mostraron todas las cosas secretas con respecto a este Hijo del Hombre, ¿quién era, de dónde venía y por qué acompañaba al Anciano de Días? Me respondió y me dijo: “Este es el Hijo del Hombre, a quien pertenece la justicia y con quien habita la justicia y quien revelará todos los tesoros ocultos, porque el Señor de los espíritus lo ha escogido y su porción ha superado a todos ante el Señor de los espíritu con rectitud eterna”».

La frase común en Enoc, «el Señor de los espíritus», puede relacionarse con «…los siete espíritus que están delante de su trono», en Apocalipsis 1:4.

Como nota al margen, es interesante que el término técnico, «Espíritu Santo», parece ser una frase que caracteriza a muchos escritos (sectarios) que se encuentran en la colección de los Rollos del Mar Muerto. Los Rollos del Mar Muerto anteceden al Nuevo Testamento, donde el término Espíritu Santo se usa libre y generosamente, mostrando su presunta aceptación total por las comunidades judías y cristianas del siglo I. El Dios de Israel y su Mesías son descritos en el Nuevo Testamento como aquellos que dirigen al Espíritu Santo a hacer una variedad de cosas.

Sin embargo, se presenta una tercera posibilidad interpretativa cuando, una vez más, comparamos el libro de Apocalipsis con 1 Enoc. Los siete espíritus también pueden verse como siete figuras angelicales que sirven ante el trono de Dios. Este es un concepto que se encuentra en algunos de estos textos extra canónicos judíos. Es importante que estas siete figuras no solo aparezcan en 1 Enoc, sino también en otros libros judíos —tanto bíblicos como para bíblicos—.

Si bien podemos sentirnos tentados en aprovechar demasiado esta conexión, debemos mantener las cosas en perspectiva. Ya sea que los nombres de los siete ángeles claves son o no Gabriel, Miguel, Rafael, Uriel, Raquel, Remiel y Saraquel (como se afirma en el libro de Enoc) al menos es concebible que los judíos del siglo I (incluido Juan, el judío, autor del libro de Apocalipsis) tuvieran un concepto similar en mente cuando él habló de los siete espíritus que están delante del trono de Dios (compara Apocalipsis 1:4-5 con 1 Enoc 20:1-8). Al hacerlo, Juan pudo haber estado describiendo la corte celestial reunida y lista para actuar:

El Dios de Israel, su Mesías ungido, y estos siete poderosos seres angelicales enviaron un mensaje de esperanza y un desafío para fortalecer a los seguidores del Cristo judío del siglo I que luchaban bajo extrema presión por encontrar su identidad social en la impasible y políticamente sociedad romana politeísta (Apocalipsis 1:4-5). Existen aún más tesoros escondidos que esperan ser desenterrados cuando comiences a leer las Escrituras desde una perspectiva judía.

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