El primer capítulo del Evangelio de Juan registra a un grupo de sacerdotes y levitas enviados a una «misión de investigación» para determinar la identidad y la misión de Juan el Bautista. Estos sacerdotes y levitas, que venían de Jerusalén, fueron comisionados por la facción farisaica de la élite gobernante de Jerusalén. Ellos demandaron públicamente a Juan que les mostrara sus credenciales. En una rápida secuencia, preguntaron: «Eres tú el Cristo? ¿Eres tú Elías? ¿Eres tú el profeta?».

En un evento posterior relacionado con Jesús, (Juan 10:24) las autoridades de Judea amonestaron a Jesús para que les dijera (enfatizando en «les») claramente si él era el Mesías.

En primer lugar, Juan creyó que su autoridad estaba basada en la aprobación de Dios. Por lo tanto, él no necesitó la aprobación de las autoridades de Judea. Más adelante en el Evangelio de Juan, el autor presenta a estas mismas autoridades de Jerusalén como los pastores malos de Israel profetizados por el profeta Ezequiel (Ezequiel 34:1-16). El autor además mostrará que Jesús es el Buen Pastor de Israel que gobernará a Israel en lugar de ellos.

En segundo lugar, Juan acusó a estas autoridades por «desconocimiento». Esto vendría a ser un tema repetitivo en todo el Evangelio, lo que resultaría en un caso judicial completamente expuesto contra el liderazgo formal de Israel. Esto, a su vez, mostraría que Jesús es el Buen Pastor de Israel (de nuevo).

Juan desafió a la delegación: «Ustedes han venido a mí porque han sido enviado por los pastores oficiales de Israel. ¿No es interesante que ni ustedes, ni los que los enviaron, conocen a Aquél que viene detrás de mí? Él es mucho más grande que yo. Ustedes aún no han visto nada».

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