La mañana judía comienza con la oración «Modé aní» Te agradezco»), que expresa la gratitud de todos los adoradores por otro día más de vida.

מוֹדֶה אֲנִי לְפָנֶיךָ מֶלֶךְ חַי וְקַיָּם, שֶׁהֶחֱזַרְתָּ בִּי נִשְׁמָתִי בְּחֶמְלָה. רַבָּה אֱמוּנָתֶךָ

(Modé aní lefanéja, mélej jai vekayám, shehejetzárta bi nishmatí bejemlá, rabá emunatéja).

Traducción: «Te doy las gracias, Rey vivo y eterno, porque has restaurado misericordiosamente mi alma dentro de mí; grande es tu fidelidad».

Aquí se deduce que el adorador le confió su espíritu al Todopoderoso para que lo guardara la noche anterior. Muchos judíos observantes usan la frase «En tus manos encomiendo mi espíritu» (Salmo 31:5a) al final de sus oraciones vespertinas.

Es muy interesante que este ritual incluya la misma frase exclamada con gran fuerza por Jesús al morir en la cruz (Lucas 23:46). Es muy probable que Jesús, en su agonía, pronunciara este salmo de memoria al enfrentar el desafío más grande de su vida encarnada.

Leemos estas palabras en el Salmo 31:1–5:

«En ti, Señor, me refugio;
jamás sea yo avergonzado;
líbrame en tu justicia.
Inclina a mí tu oído, rescátame pronto;
Sé para mí roca fuerte,
fortaleza para salvarme.
Porque tú eres mi roca y mi fortaleza,
y por amor de tu nombre me conducirás y me guiarás.
Me sacarás de la red que en secreto me han tendido;
Porque tú eres mi refugio.

En tus manos encomiendo mi espíritu(בְּיָדְךָ, אַפְקִיד רוּחִי)
 tú me has redimido, Señor, Dios de verdad».

Me gustaría hacer énfasis en la frase que fue citada en los Evangelios (versículo 5). ¿Cómo se escucha este hermoso versículo en el hebreo original? ¿Es posible que se haya perdido algo esencial en la traducción?

La palabra hebrea que se traduce como «encomiendo» es אַפְקִיד (se pronuncia afkíd). Esta palabra tiene un significado mucho más cercano a la palabra «depositar», que ineludiblemente significa un futuro «reclamo» del objeto depositado. Una situación cotidiana sería la de colocar un abrigo en un teatro o restaurante, o incluso el dinero en el banco, con la intención definitiva de recuperarlo. Si bien la palabra «encomendar» también se puede usar para describir la entrega de algo con el propósito de reclamarlo en un futuro cercano, también podría significar dar algo sin manifestar ninguna intención clara para el futuro. Sin embargo, en hebreo el significado inequívoco de este versículo es la sumisión temporal del propio espíritu en las manos de Dios —al entregárselo a «su custodia», con la clara intención de que se lo devuelva—.

Tiene mucho sentido que Jesús citara este salmo en particular mientras estuvo crucificado en la cruz romana.

Esto demuestra que si nos tomamos el tiempo para comparar el versículo original que Jesús estuvo diciendo en hebreo, se obtiene una visión muy clara y significativa que surge de las palabras de Jesús en la cruz. Las palabras pronunciadas por Jesús no fueron nada menos que una declaración de su gran fe israelita. Confió en que, al depositar su alma en las manos de su padre celestial, seguramente la recuperaría en su resurrección. Lo que sucedió al tercer día demostró que Jesús no confió en vano.

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