En 1 Corintios, Pablo dice que Jesús «resucitó en el tercer día de acuerdo con las Escrituras» (1 Corintios 15:4). Si bien las Escrituras de Israel nunca expresan con precisión que «el Mesías será resucitado de los muertos en el tercer día», el Apóstol tiene buenas razones para llegar a esa conclusión: los autores bíblicos presentan el «tercer día» como un momento culminante asociado con la actividad divina, y Pablo no es el único pensador judío de la antigüedad que asocia el tercer día con la resurrección.

A lo largo de la historia de Israel, cosas importantes ocurren en el tercer día. Por ejemplo, cuando Dios le dice a Abraham que sacrifique a Isaac en Moriá, «en el tercer día (יום השׁלישׁי; yóm ha’shlishí) Abraham levantó los ojos y vio el lugar desde lejos» (Génesis 22:4). Además, Moisés le dice a los hebreos: «Prepárense para el tercer día (יום השׁלישׁי; yóm ha’shlishí). Porque en el tercer día el Señor descenderá sobre el Monte Sinaí a la vista de todo el pueblo» (Éxodo 19:11). Quizás lo más relevante desde la perspectiva del Nuevo Testamento, es cuando el pez vomita a Jonás de su vientre después de «tres días y tres noches (שׁלשׁה ימים ושׁלשׁה לילות; shloshá yamím u’shloshá leilót» (Jonás 1:17), y Jesús señala que «así como Jonás estuvo tres días y tres noches en el vientre del gran pez, así estará el Hijo del Hombre tres días y tres noches en el corazón de la tierra» antes de la resurrección (Mateo 12:40).

Más allá de estos casos, Pablo pudo haber tenido otro versículo en mente al pensar en la resurrección de Yeshua. Según Oseas: «Después de dos días [el Señor] nos revivirá; en el tercer día (יום השׁלישׁי; yóm ha’shlishí) nos levantará, para que podamos vivir delante de él» (Oseas 6:2). En el judaísmo antiguo, se entendía que las palabras de Oseas se referían a la resurrección. El cuerpo de traducciones judías del hebreo al arameo —llamado Targumím— reemplaza la frase original de Oseas, «en el tercer día nos levantará», con la declaración, «en el día de la resurrección de los muertos (יום אחיות מיתיא; yóm ahayót mitayá) nos levantará para que podamos vivir delante de Él» (HosTg 6:2). La versión aramea de Oseas, escrita ligeramente después del tiempo de Pablo, equipara el «tercer día» explícitamente con «el día de la resurrección de los muertos». La creencia de Pablo en el precedente bíblico para la resurrección de su Mesías puede estar enraizada en una ecuación entre el «tercer día» y la «resurrección», similar a la del Targúm posterior. A la luz de la Biblia hebrea y su tradición en la traducción judía, Pablo tiene amplio apoyo para su afirmación de que el tiempo de la resurrección de Jesús fue «de acuerdo con las Escrituras».

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