«La autoridades judías se reunieron alrededor de él (Jesús), diciendo: “¿Por cuánto tiempo nos mantendrás en suspenso? Si eres el ungido, dínoslo claramente”. Jesús respondió: “Se los dije, pero no me creen. Los milagros que hago en nombre de mi Padre hablan por mí, pero no me creen porque no son mis ovejas”» (Juan 10:24-27). Los líderes del Templo en Jerusalén desafiaron a Yeshua a presentar su candidatura para ser el Mesías. Él se negó diciendo que su Padre y sus propias obras eran suficientes para probar su mesianismo.

Este texto se lee más frecuentemente como un ejemplo de la falta de claridad de Yeshua sobre el tema. Sin embargo, la petición no debería de leerse: «¿Por cuánto tiempo nos mantendrás en suspenso? Si eres el ungido, dínoslo claramente», sino como, «¿por cuánto tiempo nos mantendrás en suspenso? Si eres el ungido, dínoslo claramente».

Los ciegos ven, los cojos caminan, los leprosos son curados, los sordos oyen y los muertos regresan a la vida (Mateo 11:2-5, Isaías 29:17-21). La identidad de Jesús como Mesías fue, de hecho, evidente. Jesús fue a quien el Dios de Israel le había dado autoridad y por eso, someterse a una corte inferior de una institución judía (a pesar de las muchas en esa época) estaba fuera de cuestión. (Mateo 26:63-64).

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