Muchos estudiosos de la literatura judía siríaca y de la literatura judía babilónica coinciden en que la figura de Afraates (c. 285-345 d.C.) ha resurgido como uno de los representantes más fascinantes del llamado cristianismo semítico.

Hay un número de razones para este concenso emergente. Primero, los escritos de este padre de la Iglesia son de gran valor, ya que ministró en el tiempo y el lugar donde se pusieron por escrito porciones significativas del Talmud babilónico, en medio de una comunidad judía fuerte y próspera. Sus interacciones, reportadas por él mismo, con la comunidad judía de su época, sacan a la luz información previamente desconocida que puede llevar a nuevas perspectivas sobre esa comunidad. Desde este punto de vista, Afraates tiene el potencial de ayudarnos a aclarar nuestra imagen del judaísmo mesopotámico del siglo IV.

En segundo lugar, los escritos de Afraates nos brindan una visión única de un cristianismo que no se vio afectado en gran medida por el desarrollo político y religioso de Roma, y así, de alguna manera, tiene algún parecido a ciertos tipos de cristianismo primitivo. Los escritos del período de Afraates son de particular interés porque, desde el comienzo del siglo siguiente, las influencias del Oeste atravesarían la cortina de hierro de Persia, infiltrándose cada vez más y afectando a esa sociedad. Los escritos de Afraates nos alientan a pensar libremente acerca de lo que podría haber sido la historia del cristianismo en general si hubiera seguido el camino de la comunidad de Afraates. En tercer lugar, Afraates, habiéndose involucrado en la antigua polémica judío-cristiana, nos permite transportarnos de regreso a la Persia del siglo IV y observar más de cerca los cimientos de esa polémica. Muchas cosas han ocurrido en la historia de las relaciones judío-cristianas a lo largo de los últimos 16 siglos, pero gran parte de lo que sucedió tiene sus raíces en el siglo IV. Este estudio, sin embargo, se concentra en reconstruir una conversación cristiano-judía en el Norte de Babilonia, que fue el hogar de Afraates y sus seguidores, así como una importante comunidad judía. Esto contribuye al estudio en curso de la historia cristiana y judía de Babilonia durante este momento crucial para el desarrollo de ambas religiones.

Afraates como persona

Su nombre, Afraates, es la versión siríaca del nombre persa Frahāt (moderno Farhād). El sabio persa fue un subdito de Sapor II (309-379 d.C.). Todo lo que los estudiosos pueden decir con seguridad acerca de Afraates viene de sus escritos. Su autodescripción parece haber sido oscurecida intencionalmente por Afraates; quiso que el lector se concentrara en las cosas importantes que fueron las enseñanzas de su Señor, sobre las cuales expuso en sus Demostraciones (Demostraciones 22.26). Afraates residió en algún lugar de los territorios persas, aunque se desconoce la ubicación exacta. Toda la evidencia sugiere que Afraates tuvo dominio solo de los idiomas siríacos y afines, ya que nunca da alguna indicación de que esté familiarizado con el griego de la LXX o con el Nuevo Testamento griego.

Afraates parece citar el Evangelio (Diatessaron) y no los cuatro Evangelios por separado. Sus argumentos parecen estar bien posicionados dentro de un mundo exclusivamente semítico. En sus discusiones cristológicas, por ejemplo, no muestra ningún conocimiento del concilio de Nicea, que tuvo lugar 10 años antes de que se escribieran sus primeras Demostraciones. Es probable que Peterson esté en lo correcto cuando argumenta que Afraates es bastante claro en su cristología «no ortodoxa», lo que sugiere que el error de colocar a Afraates en el campo «ortodoxo» se encuentra en los tratamientos generalmente sesgados de Afraates por parte de historiadores de la Iglesia, tanto antiguos como modernos. La ubicación de Afraate

Dado que muchas de sus preocupaciones presuponen una comunidad monástica, estamos seguros de ubicarlo en uno de los centros proto-monásticos de Persia. La dificultad surge en la metodología para asignar una ubicación más específica. Si asumimos que todos los proto-monasterios antiguos sobrevivieron hasta nuestros días, o al menos tenemos información confiable con respecto a todos ellos, entonces el monasterio de Mar Mattai en el actual Iraq se puede establecer como la ubicación. Documentos del siglo XIV le asignan a Afraates esa localidad geográfica y gran parte de los académicos de hoy simplemente toman este supuesto como un hecho históricamente verificable, aunque solo sea de pasada. El monasterio fue establecido en algún momento del siglo IV, y esa ubicación concuerda con las pocas cosas que los académicos saben sobre Afraates. Sin embargo, debemos reconocer que esta ubicación es, en el mejor de los casos, una sugerencia verosímil que aún no está respaldada por evidencia positiva.

El ministerio de Afraates

Como se indicó anteriormente, los estudiosos conocen muy pocos detalles sobre Afraates. Su orientación protomonástica no está en disputa, ya que es evidente por el contenido de sus escritos (Demostraciones 6, Sobre los Pactantes). Lo que no está claro es cuán influyente fue su posición. Los estudiosos concluyen que Afraates pudo haber sido un monje principal. Él argumenta en contra del portavoz oficial de la Iglesia, especialmente en Demostraciones 14, lo que probablemente significa que él fue una persona de alguna influencia espiritual. En Demostraciones 14 a menudo usa «nosotros» y «nuestro», lo que habla del hecho de que representa a toda la comunidad (esto se afirma explícitamente en Demostraciones 22:26). Su autodescripción parece minimizar siempre el nivel de sus logros. Se llama a sí mismo por nombres como «un discípulo de las Sagradas Escrituras»(Demostraciones 22:26) y un «albañil» que solo suministra la materia prima a los «arquitectos sabios» para edificar la Iglesia (Demostraciones 10:9), mientras que en realidad la característica prominente de su escritura es un conocimiento colosal de memoria de una enorme cantidad de citas y alusiones bíblicas que no pueden considerarse más que fenomenales.

De las Demostraciones, parece que el propio Afraates perteneció a una comunidad cristiana protomonástica llamada Hijos de la Alianza (B’nai Q’yâmâ). Estos creyentes se dedicaron al servicio diario de su Señor en comunidades monásticas en todo el Este. Lo hicieron a través de una dedicación desinteresada a Dios, que se manifestó por la entrega de bienes personales, tiempo y relaciones fuera de la comunidad con el propósito de servir a Cristo, su Rey. Afraates escribió:

«Estudia lo que te he escrito: tú y los hermanos, los pactantes, que aman la virginidad. Está atento contra los burladores, porque si alguien se burla o se mofa de su hermano, la palabra que está escrita en el Evangelio (cuando nuestro Señor quiso advertir a los codiciosos y a los fariseos) se cumple contra él. Porque está escrito: «Ya que fueron amantes del dinero, se burlaron de él». Incluso ahora, todos los que no están de acuerdo con esto se burlan de la misma manera. Lee y aprende, y sé celoso de leer y actuar. Deja que esta Ley de Dios sea tu meditación en todo momento. Y cuando leas esta carta, por tu vida, mi amigo, levántate y ora, y recuerda mi pecado en tu oración» (Demostraciones 6:20).

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