El título de este artículo suena como si fuera una contradicción. ¿Cómo puede una persona ser judía o cristiana y no creer en Dios? ¿No es la creencia en un Creador el fundamento de cualquier religión?

Hoy en día, el hecho es que muchas personas se identifican como «judíos ateos» o incluso «cristianos ateos». Una razón es que la identidad judía no es solamente una identidad «religiosa», pero ante todo la pertenencia a una «nación» o «etnia». Muchos judíos que rechazaron la religión formal o incluso no creen en Dios por completo aún se identifican como judíos por razones nacionales, históricas y culturales. Algunos ateos de contexto cristiano reconocen de forma similar la fuerte influencia del pensamiento, tradición y cultura cristiana en sus propias vidas y por eso continúan identificándose como «cristianos».

Cuando se plantea la idea de un «ateo judío», el primer nombre que viene a la mente por lo general es Baruch Spinoza, un filósofo famoso del siglo XVII. De acuerdo a la Enciclopedia de Filosofía de Standford, «Spinoza es uno de los filósofos más importantes —y sin duda el más radical— de principios de la era moderna… [Sus ideas] colocan los fundamentos para un fuerte pensamiento político democrático y una crítica profunda de las pretensiones de las Escrituras y la religión sectaria. De todos los filósofos del siglo XVII, tal vez ninguno tenga más importancia el día de hoy que Spinoza».

En otras palabras, Spinoza es uno de los pensadores más importante en términos de democracia moderna y también crítica de la «religión sectaria», es decir, los conflictos constantes entre diferentes interpretaciones de la verdad final y los intentos por probar la superioridad de una denominación o religión sobre otra (parte de lo que traté en un artículo anterior: ¿Cuál es la «verdadera» fe? Judaísmo vs Cristianismo.) Spinoza trató de construir un sistema de pensamiento sobre bases completamente racionales, lo que eventualmente lo llevó a confirmar que «A excepción de Dios, ninguna sustancia puede ser o ser concebida» y por lo tanto todo en el universo es un tipo de manifestación de «Dios». Pero por «Dios no se refería a un ser personal, sino a «lo que sea que exista» y entonces las personas religiosas lo condenaban por su creencia en «la existencia de Dios solo en un sentido filosófico».

Spinoza fue excomulgado de su nativa comunidad judía sefardí en Ámsterdam en 1656 por «herejías abominables». Sin embargo, llegó a ser uno de los filósofos más influyentes en la historia europea. Por un lado, el trabajo de Spinoza revela algunas de las trampas de demasiada fe en la lógica y racionalidad para resolver todos los cuestionamientos de la existencia humana. Sin embargo, por otro lado, plantea grandes desafíos a la «religión sectaria» —o a cualquier sistema de pensamiento basado en la fe que piense que sus propias interpretaciones son superiores a todas las demás—. Los escritos de Spinoza son un llamado para que los creyentes aclaren y reexaminen sus propios puntos de vista, rechacen interpretaciones erróneas y estén dispuestos a aprender desde otras perspectivas. Ya que sus puntos de vista fueron tan estimulantes, muchas comunidades judías hoy en día orgullosamente reclaman a este pensador ateo como un «filósofo judío», a pesar del hecho de ser excomulgado.

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